Hasta siempre
Esteban Oscar Fuertes jugó su último partido en el Brigadier López y se despidió a lo grande. El Bichi metió los dos goles que le dieron la victoria al Sabalero ante Godoy Cruz (2-0). Cálida y emotiva despedida
Fue el adiós soñado. Fue la despedida que Esteban Fuertes y todo el pueblo Sabalero soñó, deseó y pidió para la noche del 18 de junio, que será, de ahora en más, histórica. Tal como lo había dicho en la semana previa a su último partido como profesional en su casa, el Brigadier Estanislao López, el Bichi deja al fútbol y no viceversa. Porque en la victoria por 2 a 0 ante Godoy Cruz tuvo una gran actuación y la coronó con las dos conquistas, para llegar a las 142 con la Sangre y Luto en su encuentro número 301.
Y no sólo fue una noche perfecta para el homenajeado, sino para el equipo en sí. De arranque, el Sabalero fue superior a un Tomba que ofreció todo tipo de ventajas en defensa. La diferencia, en la primera mitad, no fue mayor por dos razones: la falta de contundencia del dueño de casa y la fortuna de la visita en algunas jugadas.
Cuando Colón se dio cuenta de lo fácil que estaba llegar con riesgo al arco rival, apretó el acelerador y empezó a generar situaciones para que el 20, el inoxidable, se despida de se gente como corresponde. Así, a los 20, el Bichi metió un cabezazo para avisar. Y dos minutos después hizo reventar las miles de gargantas rojinegras en el grito más esperado.
Caire se escapó por derecha y asistió a Fuertes que definió de derecha, pero Ibáñez tapó. El rebote le quedó al hombre que más veces se calzó la del Sabalero y, de zurda, no perdonó. Una vez más, hizo lo que se espera de él, una vez más fue infalible e infló la red y desató la locura en el Brigadier López.
No fue la única que tuvo el Bichi en un partido que lo tuvo encendido y siempre al acecho, tal como su función lo exige. A los 33’ quedó cara a cara con el uno tombino, que salió rápido y pudo tapar el disparo de Fuertes. La gente se lamentaba en las tribunas porque quería gritar otro de su goleador, quería dos, tres, mil goles...
Hasta se dio el gusto de desperdiciar una situación más que clara. Sobre los 36’, se perdió el segundo de manera increíble tras dejar en el camino a Ibáñez. El pase a la red del goleador fue demasiado suave y le dio la chance a Nicolás Sánchez de mandar el balón al tiro de esquina.Lo que no le faltaron fueron lujos. Pasados los 40’ metió un buen caño y después 42’ caño y el ‘ole’ bajó de la tribuna. Después, Lértora se lo llevó puesto y le cometió falta. Para esa primera mitad lo único que quedaba por ver fue un cabezazo de Prediger que le rompió el travesaño a Ibáñez, que recibió una falta en la segunda jugada.
En el complemento, nada cambió. Colón siguió dominando pese a un leve adelantamiento de los mendocinos y el Bichi continuó de fiesta, como continúa la leyenda. Cinco minutos pasaron para que el 20 quede mano a mano tras una larga corrida. Pese a que su disparo no fue violento, sino todo lo contrario, a Ibáñez se le escurrió por abajo del cuerpo y la red se volvió a inflar. Fue su gol 142, su 19º doblete, el tercero que le mete al Tomba, el cuarto gol que le hace a Ibáñez.
¿Había más? Si, mucho más en la noche del 20. Apenas pasado el primer cuarto de hora, quien no permitió el tercero del Bichi fue Sigali, que se lo sacó del buche. Pasados 15 minutos, tuvo una nueva chance ante una defensa que se portó muy bien en la despedida porque hizo todo lo posible para que siga marcando. Moreno y Fabianesi lo dejó otra vez cara a cara y Fuertes le dio de primera y con zurda. Sin embargo, esta vez le tocó ganar a Ibáñez.
A esa altura de la noche, lo único que faltaba y que todo el estadio esperaba era el cambio, la salida del ídolo para recibir la ovación que tanto se merece. El momento llegó cuando el reloj marcó los 44’. Ahí empezaron a brotar lágrimas de sus ojos y también en la de más de un Sabalero que ya lo empieza a extrañar.
Previo saludo con sus compañeros, abandonó el verde césped del Cementerio de los Elefantes y vio lo que quedaba del partido junto a sus hijos. Ayer hubo un partido de fútbol en el sur de la ciudad. Pero eso es un anécdota. La historia recordará ese día como el día que el pueblo Sabalero despidió a su ídolo máximo, al goleador eterno, a Esteban Oscar Fuertes. Un final feliz.


Santa Fe















