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Martes 07 de Septiembre de 2010
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Sábado, 04 de Septiembre de 2010
 

Un año para construir una paz muy esquiva en Medio Oriente

Los líderes de Israel y Palestina enfrentarán muchos escollos antes de lograr un tratado que contemple la creación del Estado Palestino y el fin de los ataques de los milicianos árabes

El primer ministro de Israel y el presidente palestino iniciaron un trayecto de un año en busca de una paz esquiva, embarcándose en un camino bien trillado que durante dos décadas resultó infructuoso. Aun así, el escenario presenta algunas diferencias esta vez.
En primer lugar, la beligerante teocracia musulmana chiíta en Irán se convirtió no solamente en una amenaza abierta para Israel sino en una sutil pero creciente preocupación para algunos de los estados árabes sunnitas en el vecindario de Israel. Hay un enemigo común entre las partes interesadas.
Y quizás, no menos importante, hay un nuevo elenco de personajes en el drama.
El líder israelí, Benjamin Netanyahu, siguió una línea dura argumentando que Israel no puede mantener su seguridad bajo ningún acuerdo que puedan aceptar los palestinos.
Pero en esa condición al igual que ocurrió con el presidente estadounidense Richard Nixon, como ferviente anticomunista, cuando hizo la apertura hacia China hace cuatro décadas , Netanyahu podría tener la credibilidad ante la derecha israelí como para concretar un acuerdo.
Por su parte Mahmoud Abbas, el presidente palestino, libra una lucha política sin cuartel para mantener su poder frente a la milicia radicalizada Hamas. Hamas ganó las elecciones y desalojó a la organización moderada Al Fatah, de Abbas, de la Franja de Gaza, lo que creó un vasto cisma entre los palestinos. Conquistar un estado para los palestinos si el acuerdo es adecuado podría proporcionar a Abbas una importante victoria política.

Capital político
Más allá, el presidente estadounidense Barack Obama invirtió en el proceso un importante capital político. Apenas había asumido a principios del 2009 cuando anticipó que la paz en el Oriente Medio era una prioridad. En sus primeros días en el cargo, Obama designó a George Mitchell para que lo representara en esa región. Mitchell tiene una enorme credibilidad como negociador, después de haber desempeñado un papel clave en lograr que protestantes y católicos firmaran un acuerdo para compartir el poder en Irlanda del Norte.
Sin embargo, las conversaciones entre Israel y los palestinos con la mediación viajera de Mitchell llegaron a un punto muerto en el verano. En medio de una temporada económica y política difícil en casa, Obama necesita alguna buena nueva. Aun un movimiento encaminado a la paz en el Oriente Medio podría resultarle útil.
Por supuesto, ninguno de los factores precedentes garantizan el éxito del proceso, que demanda un acuerdo en el término de un año.
Aun la Casa Blanca y el Departamento de Estado mantienen las expectativas con sordina por prudencia. Desde hace 19 años, la búsqueda de paz en la región se ha paseado por numerosos escenarios que recuerdan las esperanzas y frustraciones de esfuerzos previos: Madrid, Oslo, Washington, Wye River (Maryland), Camp David, Annapolis, Sharm el-Sheik (Egipto) y otros.