Una historia que aún se repite
El final de la cita juvenil abrió el interrogante sobre el futuro del deporte argentino: una medalla de oro, dos de plata y una de bronce para una delegación de 59 atletas que sufre, al igual que los mayores, la falta de apoyo
Con la llama apagada en Singapur y el punto final para la primera edición de los Juegos Olímpicos de la Juventud, la delegación argentina volvió a ratificar que el futuro se asemeja mucho al presente y, sin un programa ni proyectos deportivos a largo plazo –más allá de que varios digan lo contrario–, los que siguen respondiendo son los deportes en equipo y algunos arrestos individuales con actuaciones de gran nivel en la cita olímpica, pero en este último caso, muy de vez en cuando.
Sin dudas, los Juegos Olímpicos de la Juventud de Singapur quedarán en la historia del deporte nacional como el momento más importante y de consagración para Braian Toledo (teniendo en cuenta que demostró que está muy lejos de su techo y tiene un gran futuro por delante), oro en jabalina, la quincuagésima demostración de que el boxeo sigue con su inagotable cantera, con el bronce de Fabián Maidana -en la categoría hasta 64 kilos- y el primer día, con la medalla de bronce para el judoca Lucas Guzmán.
A este cúmulo de medallas en deportes individuales hay que sumarle el bronce del triatlonista Lautaro Díaz en el equipo de América, junto a Kelly Withley y Kevin Mc Dowell de Estados Unidos, y Adriana Barraza, de México y, por supuesto, las actuaciones descollantes de las Leoncitas y la Selección de vóley masculina, ambas con un segundo lugar. Premios más que merecidos para ellos.
Si bien es verdad que los balances deben hacerse con un tiempo prudencial para poder ver la radiografía del deporte a la distancia, las primeras aproximaciones marcan que el deporte argentino volvió a mostrarlos mismos síntomas de los últimos años: sigue esperando por irrupciones divinas de deportistas fuera de serie en disciplinas individuales. La explosión de Braian Toledo es el mejor ejemplo que supone un talento innato estimulado a partir de su presencia en los primeros planos del atletismo mundial juvenil. Pero que, lamentablemente y por mala costumbre, esto no es habitual.
Uno de los mejores ejemplos para entender lo que cuesta y, no sólo en cuestiones absolutas y competentes al dinero, realizar un deporte de alto rendimiento en el país es justamente Lautaro Díaz. El cordobés tuvo que recurrir a la interminable e infatigable expresión de solidaridad que tiene la sociedad argentina y, en este caso en particular la cordobesa, que le permitieron el año pasado competir en el Mundial Junior.
Por último, el Comité Olímpico Nacional debía determinar dos disciplinas de conjunto -una de cada género- para presentar en Singapur y la Argentina no falló: las Leoncitas del hockey y los chicos del vóley volvieron a subirse a un podio, ambos con preseas de plata, para ratificar el brillante futuro que tienen estos dos deportes de conjunto y de qué manera estas disciplinas son la gran potencialidad de las delegaciones Albicelestes en estas reuniones olímpicas.
No obstante, más allá de que el saldo sea netamente positivo, aún existe una diferentes abismal con el resto de las potencias. Sacando las disciplina por equipos, el protagonismo nacional en facetas individuales es casi nulo. Algo que podría no sorprender a nadie, ya que es poco recurrente ver a exponentes argentinos peleando por una medalla, citando al atletismo como el ejemplo más claro. Es verdad que muchos se jactan al mencionar que se está ampliando el espectro a fomentar el deporte en los barrios o el mayor apoyo a los diversos estamentos. Pero la realidad indica que, cuando se habla con los mismos protagonistas (los deportistas), éstos terminando siempre exclamando lo mismo: “No tenemos apoyo”. Entonces la pregunta es, ¿todo lo que dice al final no se cumple? Saquen ustedes sus propias conclusiones.
En un país donde el fútbol acapara la atención de todos, de personas y empresas, está clarísimo que la prosperidad de las disciplinas amateurs aún está frenada y ojalá cambie de una vez si queremos que los colores celeste y blanco esté en lo más alto del podio.


Santa Fe















