Siempre tuve problemas con el poder por mi independencia
La prestigiosa periodista Magdalena Ruiz Guiñazú repasa su extensa trayectoria en una nota imperdible que se publicará en su totalidad el próximo jueves en el suplemento en Braille
Por Por Diario Uno
Recuerda con mucho humor su experiencia en el programa que condujo para la National Geographic. Como parte de la propuesta, llevaban animales vivos. Se ríe al contar las anécdotas con un gato montés que la mordió, o la del camello que orinó todo en el medio del estudio, o la del mono que “se puso nervioso y todo su patrimonio me lo tiró encima de un saco blanco. Ese tipo de cosas insólitas y muy divertidas también. Lo hicimos dos años, fue de las cosas más insólitas que hice”.
—Magdalena, ¿sos una referente?
—Yo no creo que ocupe un lugar tan grande. Sí, hace muchos años que soy periodista, a lo mejor por eso. Para nada me siento como un referente. Creo que soy una persona que trabajé y trabaja mucho, en horarios muy competitivos, y me va muy bien. Por eso estoy muy agradecida, muy contenta, y por eso me sigo levantando a las cuatro de la mañana, esa cosa que odio.
—¿Alejandro?
—Yo tuve un hermano ciego, Alejandro Ruiz Guiñazú. Fue el segundo de mis hermanos, y tuvo una enorme influencia en mi vida. Murió hace diez años. Era un hombre extraordinariamente inteligente. Fui su secretaria, trabajé con él desde que salí del colegio hasta que me casé, me ayudó muchísimo en mi formación. Era un hombre que leía mucho. Le gustaba la voz humana. Fue director de la Editorial Luis Braille, escribía para Clarín, y hacía todas las contratapas y las solapas de EMECÉ.
Hacía traducciones con el grabador. Yo, o alguno de mis otros hermanos, le grabábamos en el idioma original y él traducía. Por ejemplo, tradujo Los Cuentos de Kafka del alemán. Además del enorme cariño que yo le tenía, fue interesante trabajar con él, me ayudó muchísimo. Así que para mí la ceguera y la vista son dos ejes enormes alrededor de los cuales giró mi vida, porque como teníamos tanta diferencia de edad cuando yo nací él ya había perdido la vista. Así que él nunca me conoció, pero siempre tuvo por esa hermanita menor, que era un poco un lazarillo, mucho cariño.
—¿Qué lugar ocupan tus hijos?
— Mis hijos siempre fueron muy buscavidas, independientemente de que todos estudiaron y todos hicieron una carrera.
Cuando se fue de Clarín
—¿Tuvo problemas con el poder?
–Yo siempre tuve problemas con el poder, de cualquier signo, quizás porque no se perdona mucho la independencia. Por eso digo que estoy muy agradecida a la vida. Después de, por ejemplo, 20 años con el Grupo Clarín, me fui cuando había un gerente al cual no le gustaba lo que yo hacía y frente al cual yo me sentía muy incómoda. Y me sentí muy libre también de hacer eso, pero eso no significa que no haya conservado la mejor relación con mis excompañeros y con el Grupo, excelente relación.
Su pase del Grupo Clarín al Grupo Prisa fue uno de los más sonados hace algunas temporadas. Del contrato de cinco años que tiene con el Grupo Prisa recién pasó uno y medio. Está muy cómoda, trabajando con su equipo de producción de siempre.
—¿Qué representa para usted una entelequia?
—Cuando tengo un reportaje difícil siempre me preparo, por supuesto, sobre todo cuando son temas complicados. Desgraciadamente no tengo la formación, por ejemplo, jurídica. Me hubiera gustado mucho hacer Ciencias Políticas, pero mis padres decían: “Ella no puede ir a la facultad porque se va a hacer comunista”; aunque todos mis hermanos varones fueron a la universidad pública. Esas cosas, esas entelequias de otra época. Ninguno de mis hermanos fue comunista y aunque lo hubieran sido, bueno, son formas de pensamiento. Por eso yo no hice Ciencias Políticas, me hubiera gustado mucho. Y no había carrera periodística, no existía eso.
—Qué significan el trabajo y las barreras?
—El trabajo es una cuestión de disposición, también de alguna manera de suerte. Creo que hay personas que tienen más suerte, más oportunidades que otras. Las personas que tienen alguna discapacidad tienen de movida toda una enorme barrera que franquear. Los que tenemos la enorme suerte de no tener una discapacidad podemos partir de un punto de lanzamiento que no tenga que saltar esas barreras. Todos aquellos que trabajamos en lo que nos gusta tenemos mucha suerte.
—¿Qué lugar ocupa el cine en su vida?
—Yo pertenezco a una generación para la cual el cine fue tocar el cielo con las manos, mucho más que la televisión. Siempre digo: ¿qué hubiera sido de nosotros sin el cine? No pasa semana sin que vaya una o dos veces al cine.
Perfil
Magdalena es la menor de nueve hermanos, la madre de cuatro hijos, la abuela que ubica ventanas en su agenda para llevar a sus nietos al teatro, o ir a estrenos de amigos.
—Otra de sus pasiones son los documentales.
—He hecho varios. documentales, tanto para Pol-Ka como para Telefé. Empecé a hacerlos en 1999, junto con Silvia di Florio y Walter Goobart. Hicimos Esma: El Día del Juicio, sobre el juicio a las Juntas. Fue la primera vez que se vio en televisión. Al año siguiente hicimos El Día Después, acerca de los 15 años de la sentencia. Después hicimos Los Archivos de la Censura, que eran todos los pedazos de las películas que encontramos en el Instituto de Cinematografía cortados por los militares durante la Dictadura.
Después rompimos el chanchito de lo que habíamos juntado y nos fuimos a Estados Unidos, porque Walter Goobar vio por internet que en Arizona, en la frontera con México, está uno de los observatorios espaciales más importantes del mundo, propiedad del Vaticano y manejado por los jesuitas, que dentro de la iglesia católica, yo diría, son la inteligencia más avanzada.
En aquel momento quien lo dirigía era uno de los astrónomos, es un argentino, un cordobés: el padre José Funes. Entonces nos contactamos con él y nos embarcamos con todo el equipo. Éramos diez personas. Ése fue para Telefé. Se llama El Ojo de Dios y fue emitido en 2000.
Magdalena enviudó hace un año y medio: “Tuvimos una muy buena convivencia porque los dos estábamos enormemente interesados en vivir”.


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