Argentina-Uruguay: Santa Fe vivió 90 minutos de alta tensión
La Selección albiceleste logró su clasificación al Mundial. Los santafesinos siguieron el partido en bares y vidrieras y se fueron felices por el triunfo, pero con el amargo sabor de un mal juego
Los últimos cuatro partidos que jugó la Selección Argentina fueron anunciados como “decisivos”. Recorriendo los titulares de los últimos meses, después del trágico 6 a 1 con Bolivia, éste fue el calificativo previo a cada encuentro que enfrentó la albiceleste en el marco de las Eliminatorias –Brasil, Paraguay, Perú y el de ayer, con Uruguay. De estos cuatro, perdió los dos primeros y ganó los otros dos; pero sin embargo logró clasificarse.
Quizás por el horario, por el frío, o por la decepción que genera el seleccionado desde su derrota en La Paz, pocos fueron los santafesinos que se vieron en las calles alentando a su equipo. Más concurridos estuvieron algunos bares y vidrieras (escasos), donde se observaron grupos de amigos frente a la pantalla.
Tensos desde el pitazo inicial, las caras de enojo, los gestos de bronca, se multiplicaron durante los primeros 45 minutos. En forma inconsciente, desde sus sillas, los improvisados directores técnicos daban indicaciones que nunca serían oídas ni por los jugadores ni por Diego Maradona (actual DT de la Argentina).
Los hinchas se llevaban ambas manos a la cabeza o se tapaban la boca, con los nervios de punta cada vez que los uruguayos se acercaban al arco de Sergio Romero. Se paraban, se sentaban, una y otra vez. Acomodados como en una tribuna, al ingresar al bar sólo se veían las nucas de los espectadores, ubicados frente a los televisores.
El entretiempo dio lugar a las charlas, algunas en un elevado tono de voz, y tiempo para retomar los lisos y los ingredientes. Un poco más relajados, los hinchas se preparaban para un segundo tiempo distinto.
Sólo habían pasado cinco minutos y otra vez comenzaron a sentirse las directivas técnicas de los espectadores, que se mezclaban en un bullicio de bajo volumen, pero constante.
Quince minutos antes de que termine el partido, cuando se produjeron los cambios en el equipo argentino, los hinchas santafesinos no contuvieron su enojo contra quien fuera el Dios del fútbol. A los gritos pedían que entre a la cancha Martín Palermo, que le regalara a la Argentina un tanto salvador.
Y así llegó la parte más emocionante del encuentro, con la expulsión del uruguayo Martín Cáceres a los 37 minutos del segundo tiempo y un tiro libre con jugada preparada que terminó en gol y clasificación para la selección albiceleste. De pronto se oía la ovación para quien convirtió frente al arco de Uruguay, Mario Bolatti –quien escasos minutos antes había sido abucheado, al ingresar al campo de juego por Gonzalo Higuaín.
Los 9 minutos restantes fueron los últimos de sufrimiento para los hinchas, que pedían sus cuentas a los mozos para apurar la retirada cuando terminara el partido. Algunos aplausos, un par de bocinazos, marcaron el final de este encuentro; pero los espectadores abandonaron su silla con la alegría de que Argentina llegue al Mundial, y con el mal sabor que dejó el desabrido juego nacional, reconocido en la historia como un país de campeones futbolísticos.


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