Bush quería derrocar a Saddam dos años antes de la invasión
Así lo reveló el director de política del Foreign Office Peter Ricketts, quien declaró en la Comisión que investigará sobre la guerra en ese país asiático y que empezó ayer en Londres
Elementos de la Administración Bush barajaron la posibilidad de propiciar un cambio de régimen en Irak al menos dos años antes de la invasión. El detalle lo ha desvelado ayer Peter Ricketts, director general de política del Foreign Office y el primero en comparecer en la comisión que analiza el papel del Gobierno británico durante la guerra y cuyas sesiones públicas se inauguraron en Londres ayer.
Lo que también ha explicado Ricketts es que ésa no era la voz dominante en Washington. Entre otras cosas porque el moderado Colin Powell, entonces secretario de Estado, estaba “completamente al mando de la situación”. Un extremo que cambió después de los atentados del 11 de Septiembre, a partir de los cuales el Pentágono empezó a desempeñar un papel mucho mayor.
Ricketts y sus colegas William Patey y Simon Webb –altos funcionarios en los ministerios de Exteriores y Defensa– confirmaron que en el verano de 2001 Irak había dejado de ser uno de los asuntos más importantes de la agenda. Importaban aún más los Balcanes o Sierra Leona, donde el Reino Unido estaba inmerso en una operación de mantenimiento de la paz.
Lo que no quiere decir que los gobiernos británico y americano no estuvieran pendientes de las noticias de Bagdad. De hecho, Ricketts confirmó que estudiaban cómo hacer más eficaz las sanciones al régimen, intentando superar las reticencias de rusos y franceses.
Según Ricketts y Patey, el 11-S cambió por completo el panorama porque puso la política antiterrorista en el centro de la agenda. “Justo después del 11-S”, dijo Ricketts, “los estadounidenses sugirieron que Irak podría estar en la agenda si se establecían vínculos entre Saddam y Al Qaeda. Pero sólo al final del otoño, al final de noviembre de 2001 quedó claro que se estaba considerando el asunto de Irak de un modo distinto”. En otras palabras, que Irak podría formar parte de una segunda fase de la llamada “guerra contra el terrorismo” de la Administración Bush.
Una segunda fase que emergió cuando el presidente identificó el llamado “eje del mal” en su Discurso sobre el Estado de la Unión en febrero de 2002.
Cambio de régimen
Los expertos británicos reconocieron que en el Foreign Office se había llegado a redactar un documento en el que se barajaba en Irak un cambio de régimen. Todos dejaron claro, sin embargo, que el cambio de régimen no era entonces una opción para el Gobierno británico, más interesado en el retorno de los inspectores y la revisión del régimen de sanciones contra Saddam Hussein. De hecho, el informe nunca se llegó a discutir con ningún ministerio y descartó perseguir la caída de Saddam porque “no tenía base legal”.
Por entonces, aseguró Ricketts, los americanos tampoco pensaban en una guerra de ocupación sino en “armar a grupos opositores”. “Una opción”, remachó, “con la que nosotros en Londres éramos muy escépticos”.
La comparecencia de los tres expertos inauguró la comisión que analizará el papel del Reino Unido en la Guerra de Irak. Antes se ha producido una declaración pública de John Chilcot, responsable de la comisión. Consciente de las acusaciones de enjuague de quienes se opusieron y se oponen a la guerra, Chilcot quiso transmitir una impresión de mesura e imparcialidad: “Mis colegas y yo llegamos aquí con mentes abiertas. Somos apolíticos e independientes de cualquier partido. Queremos examinar las pruebas. Y haremos nuestro trabajo de un modo riguroso, exhaustivo, justo y sincero”.
Chilcot puso cierto empeño en subrayar que lo que arrancó ayer son las comparecencias públicas. No los trabajos de la comisión, que empezaron a finales de agosto y que llevó a sus miembros a reunirse hasta en cinco ocasiones con las familias de soldados fallecidos, con veteranos de guerra y con sendos comités de expertos.
La agenda de la comisión es inequívoca. Las comparecencias públicas se extenderán hasta febrero del año que viene, para cuando se espera la declaración del ex primer ministro británico Tony Blair.
A partir de entonces, la comisión emprenderá las comparecencias privadas. Aquellas referidas a asuntos referidos a la seguridad nacional que deban permanecer lejos de los ojos de la opinión pública.
En la campaña electoral
A mediados del año que viene volverán las comparecencias públicas: la comisión podrá llamar de nuevo a testigos de los que requiera alguna aclaración o llamar a declarar a testigos que no lo hayan hecho antes. La pausa en las comparecencias públicas coincidirá con la precampaña y la campaña electoral. Una pausa que atraído las críticas de ciertos sectores de la opinión pública, que ven en ella la larga mano del Gobierno laborista.
El asunto más polémico que abordará la comisión –la legalidad o ilegalidad de la guerra– no se abordará al menos hasta enero del año que viene y no tendrá consecuencias jurídicas sino políticas. “Como ya he dicho en otras ocasiones”, señaló Chilcot, “no somos un tribunal y nuestros procedimientos reflejarán esa diferencia. Nadie será sometido a juicio. No podemos determinar que nadie es culpable o inocente. Sólo un tribunal puede hacer eso. Pero sí me comprometo aquí a que una vez hagamos nuestro informe final, no dudaremos en hacer las críticas que creamos oportunas”.


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