Santa Fe
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Martes 08 de Diciembre de 2009
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Domingo, 29 de Noviembre de 2009
 

“Esperaré lo que diga la Justicia y después yo contaré la verdad”

Lo dijo Mariana Cheta, la mujer acusada de privar de la libertad hace diez días a una adolescente de 16 años. En diálogo con Diario UNO, desmintió las imputaciones que se hicieron en su contra

Diario UNO habló en exclusiva con la mujer que fue detenida la semana pasada porque se sospechaba que había privado de la libertad en su casa de Santo tomé a una adolescente que además dijo que le dieron pastillas y que querían llevarla a la provincia de Córdoba.
Mariana Clarisa Cheta, quien luego recuperó la libertad, desmintió las acusaciones que pesan sobre su persona y adelantó que por ahora prefiere protegerse y sólo salir al cruce de los que se publicó y dijo en algunos medios y aguardar que la Justicia dictamine para luego salir a contar la verdad.
La mujer contó que Sabrina Aguirre llegó a su casa el miércoles 18 de noviembre cerca de la medianoche. Que estaba golpeada y asustada. Que había discutido con sus padres y que su papá la había golpeado
Dijo que la recibió por que es una ex compañera de estudio de su hija, en el Colegio del Huerto, y que no era la primera vez que venía a su casa. “Debido a su estado, charlamos un poco y cuando se tranquilizó le sugerí hablar a sus padres para que la vengan a buscar. Se negó rotundamente alegando que la iban a retar y le iban a volver a pegar”, señaló.
“Entonces, como otras veces,  quedó en casa. Yo me fui a trabajar y mis cuatro chicos se fueron al colegio. Ella quedó con la llave de la casa, con dinero arriba de la mesa. Le dijimos con mis hijos que se bañe, que se acomode, que haga su vida. Sabe que puede utilizar la ropa de mi hija porque siempre lo ha hecho, es muy común que los adolescentes se presten ropa y calzado”, contó la mujer.

—¿No se le ocurrió llamar a los padres para decirle que se quedaran tranquilos que Sabrina estaba en su casa?
—No, porque como ella tenía su teléfono celular con crédito y en todo momento recibía y mandaba mensajes, pensé que le iba a avisar a los papás. No quise meterme. Otras veces ha tenido problemas con su familia y pensé que este era uno más y no le dí importancia.

—¿Qué pasó después?
—El viernes volvimos a charlar sobre su situación y le insistí para que llamara a sus padres. Le expliqué que no quería tener problemas y ella me contestó que la mamá ya sabía adónde estaba. Le pregunté si quería que yo llamara a sus padres y me dijo que no. En ningún momento me permitió hablar con ellos.

—¿No quería volver con los padres?
—Para nada.

El supuesto embarazo
—¿Sabrina le dijo en algún momento que estaba embarazada?
—Cuando el sábado le dije que me parecía que ya habían pasado varios días y que era raro que si se había comunicado con sus padres, no la vinieran a buscar, me constestó que no quería que la busquen. Le contesté que yo tenía que trabajar durante el fin de semana y que por lo tanto pensara en ir a la casa de algún familiar o que la vengan a buscar porque ya era un problema para mi que estuviera en casa, se puso a temblar, se descompuso y en ese momento dijo que estaba embarazada de un mes y medio.

—¿Qué hizo usted en ese momento?
—Llamé a mi abogado y me dijo que la llevara a la policía porque sino iba a tener un problema. Ella se puso peor. Yo soy mamá de una nena de 15. Sabrina no es la primera vez que tiene problemas con el papá. Sus compañeras de escuela lo saben. Yo no puedo involucrar a nadie, pero su estado, lamentablemente me pudo.si la hubieran visto cómo estaba.
El abogado me recomendó que la sacara de ahí. Como no quería ir a la casa de un pariente o de otra amiga y lloraba, le propuse ir a la casa de mis padres que son dos personas de 74 años cada uno. Mi papá es jubilado municipal, son mormones, están siempre trabajando por los demás, la conocen a Sabrina, la aprecian mucho y me pareció que ahí podía estar bien y la llevé.

—¿Ignoraba que había un pedido de paradero?
—Me enteré por los medios.

—¿Y entonces?
—El abogado me dijo que si ella no se quería ir, que se quedara tranquila, por su estado y porque estaba muy nerviosa y el lunes a primera hora la presentaríamos a la Justicia haciendo todo como corresponde.

—¿Eso no ocurrió?
—No, porque la policía la sacó de la casa de mis padres. Lo que hicimos es tratar de contenerla como adolescente y de no obligarla ni maltratarla.

—Sabrina dijo que en su casa, ustedes le dieron pastillas, le propusieron ir a Córdoba a un lugar adonde iba a estar más tranquila. ¿Por qué cree dijo todo eso?
—A pesar de todo y aunque suene raro, ella es adolescente. En esa etapa de la vida, pasan por un montón de cuestiones. Muchas veces no saben qué hacer y creo que es más terrible cuando están golpeados y amenazados. Me duele que sus padres me ataquen sin conocerme, porque no los conozco. Pero no me voy a poner a su altura para defenderme. Seguramente la justicia decidirá. Pero creo que ellos (por los adolescentes) se sienten demasiados presionados.

—¿Usted cree que Sabrina optó por la más fácil, es decir, mentir para quedar bien con sus padres?
—Y yo creo que en su lugar hubiera hecho lo mismo. Siendo adolescente y con tanta presión y con golpes visibles... porque a mi casa llegó con golpes visibles.

—Hay cosas que no quiere decir, ¿esperará la decisión de la Justicia?
—Sí, voy a esperar. Después voy a salir a hablar las cosas como realmente fueron. Lo que pasa es que impera el secreto de sumario entonces voy a protegerme de esa manera sin ponerme a la altura de los demás. En realidad lo único que hice como mamá de otra adolescente es admitir una visita más. Porque en realidad fue una visita más, como cualquier otra.
Yo soy locutora, trabajo en una FM. Hay colegas, a los que respeto, que apoyan a los padres de Sabrina. Pero no miden los daños morales cuando me nombran. Es evidente que no están todas las pruebas a la vista y hay que escuchar todas las campanas. Tengo familia, soy mamá sola, mantengo cuatro chicos. Hay que ver bien cómo son las cosas. Quizá pasa porque no me presto a algunos juegos, pero es la forma que elegí.