Europa entró en una nueva era
Tras ocho años de tropiezos y dificultades, ayer se puso en marcha el Tratado de Lisboa. Supone un paso más hacia el proyecto federal europeo. La idea es una UE más eficaz, coherente y democrática
Tras ocho años de tropiezos y dificultades, Europa logra finalmente poner en pie un nuevo modelo de organización política y jurídica que supone un avance hacia su proyecto federal. La idea de crear una Unión “más democrática, transparente y eficaz” acordada por los jefes de Estado o de Gobierno en la Declaración de Laeken (Bruselas) en diciembre de 2001 cristalizó en el Tratado de Lisboa que ayer entra en vigor.
La estrategia propuesta en Laeken era más ambiciosa y abogaba por una simplificación de los tratados y una Constitución para todos los europeos. Tras 15 meses de trabajo, la Convención aprobó en julio de 2003 un proyecto de Constitución.
El proyecto, no obstante, sufrió un revés insuperable en 2005 cuando los ciudadanos de Francia y Holanda lo rechazaron en referéndum. Fue una sacudida que hundió el proyecto europeo en un profundo desconcierto durante dos años.
En junio de 2007, el Consejo Europeo acordó las disposiciones necesarias para redactar el llamado Tratado de Reforma, para sustituir al proyecto de la Constitución que nunca llegó a nacer. El texto que, a pesar de ser prácticamente ininteligible por los profanos, recogía la esencia de la Constitución, fue aprobado en Lisboa en octubre de 2007.
Pero de nuevo fue en su proceso de ratificación por los ciudadanos cuando también descarriló el tratado, al ser rechazado por los irlandeses en referéndum en junio de 2008. Nuevas concesiones facilitaron que Irlanda pudiera aprobar el tratado en una segunda votación el pasado octubre.
Un modelo que gana adeptos
Cuando nadie podía imaginar un nuevo traspié, el euroescéptico presidente checo, Václav Klaus, metió la última zancadilla, negándose a firmarlo si no obtenía garantías que impidieran posibles reivindicaciones de los alemanes expulsados de los Sudetes. Nuevas concesiones nada sustanciales facilitaron que finalmente accediese a su firma. Finalmente, Europa cuenta con el Tratado de Lisboa, que recoge el 95 por ciento de la Constitución, según reconocieron numerosos juristas europeos.
Los fracasos cada vez que se realizó una consulta a los ciudadanos revelan el déficit democrático del proyecto europeo. Este déficit es un indicador del “fracaso de los Gobiernos en crear un debate constructivo sobre Europa”, como señala Jürgen Habermas. El filósofo alemán lamenta en su obra Europe, The Faltering Project que el espacio público europeo es campo de debate para las élites, pero en el que los ciudadanos no se ven implicados.
A pesar de sus deficiencias, el proyecto europeo se convirtió en un modelo de referencia. El presidente Barack Obama se inspiró en Europa para la reforma sanitaria en EE.UU. En Asia, América Latina y África, el modelo de integración europea gana adeptos. El objetivo de Lisboa es conseguir que la Unión sea más efectiva, más coherente y más democrática.


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