Santa Fe
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Martes 08 de Diciembre de 2009
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Lunes, 07 de Diciembre de 2009
 

La odisea de un apocalipsis contemporáneo

2012. En sólo tres días, la megaproducción dirigida por Roland Emmerich e inspirada en el Calendario Maya, convocó a casi 200 mil personas en Argentina. El film se convirtió en el favorito del público nacional, desplazando a Luna Nueva, en la que se exhiben grandes escenas de acción, con explosiones, terremotos y tsunamis que comienzan a destruir la tierra

Entre el jueves (día de su estreno) y este sábado, la película 2012, dirigda por Roland Emmerich sobre el fin del mundo, fue vista en los cines de Argentina por 193.624 personas, siendo proyectada en 192 pantallas, convirtiéndose por lejos en la más vista de este fin de semana, en el que seguramente superó los 250 mil espectadores al finalizar el domingo.
2012, tuvo un costo de producción de 200 millones de dólares. Si bien ya superó la barrera de los 600 millones en recaudación (la mitad de ese dinero se lo queda los cines y las distribuidoras), deberá seguir vendiendo tickets para ser un film realmente rentable.

Sobre 2012

Esta película recuerda a otra llamada El día Despues de Mañana, también dirigida por Roland Emmerich y que ahora trae esa cinta titulada 2012, aunque esta parece ser más destructiva aún.
El director de esta película también dirigió El Día de la Independencia y Godzilla entre otros. Pero esta cinta tiene su origen en las profecías de Los Mayas y según ellos el fin del mundo se daría en el año 2012, el día 23 de diciembre.
Todo comienza cuando se suceden suicidios masivos de personas que se regían al calendario maya por toda América del Sur.
Curtis Jackson (John Cusack) es un padre divorciado que de vez en cuando trabaja como conductor de limusina y escritor, mientras que su ex-esposa (Amanda Peet) vive con sus dos hijos y ha rehecho su vida.
La IHC (Institute for Human Continuity) es una organización secreta que asegura que los gobiernos de todos los países saben que la teoría del calendario maya es cierta, que está científicamente demostrado, y que saben que va a suceder muy pronto, por lo tanto construyeron desde hace 20 años unas naves/barcos en la cima del Himalaya para salvar a un número selecto de personas, para continuar la vida en La Tierra despues del desastre, y que todo es cierto.
Grandes terremotos se suceden por todo el mundo, y la teoría es que las placas tectónicas acabarán por desestabilizarse y crearán la mayor oleada de sismos y tsunamis de la historia de la humanidad.
El principio del fín es cuando el parque Yellowstone explota en un megavolcán que cubre gran parte de los Estados Unidos de Norteamérica bajo cenizas, al mismo tiempo que cientos de volcanes aparecen por todo el mundo y los Juegos Olímpicos de 2012 en Londres quedan cancelados por un caos imminente.
Megaterremotos destruyen la tierra, Los Angeles cae por las placas tectónicas, el Obelisco de Buenos Aires cae por un megasismo, Las Vegas y Roma, quedan destruida con la Basílica de San Pedro y El Vaticano, Río de Janeiro queda con el Cristo Redentor desmoronado, y muchas capitales mundiales más desaparecen por el megatsunami y otros sismos.
En realidad todas las ciudades y países que están a menos altura que el Tibet desaparecen, si no bien por los terremotos y los volcanes, por el megatsunami que devasta la tierra.
En declaraciones a la revista Entertainment Weekly, Emmerich confirmó que una serie de televisión basada en la película, ya se está poniendo a trabajar. La serie servirá como una secuela de la película y está previsto que se enfoque en un grupo de sobrevivientes en 2013.

Cine espectacular
Por lo general, el realizador Roland Emmerich siempre ha mostrado sus inclinaciones hacia el cine espectacular y, dentro del mismo, de lo que solía denominarse cine catástrofe, ese subgénero que tuvo su auge allá por los años setenta (no hay más que recodar a Tiburón y sus secuelas o Aeropuerto con las suyas), donde lo catastrófico siempre estaba latente.
Y 2012 responde puntualmente a esas mismas premisas, puesto que cuenta las alternativas de un cataclismo de proporciones tales (previsto por unas supuestas profecías mayas) que amenaza acabar con la humanidad toda, y con el planeta Tierra también.
Todo es a causa del recalentamiento global, fenómeno de proporciones tales que llegaría a su pico máximo en esa fecha, pero ante el cual las grandes potencias del orbe habían tomado sus prevenciones. Ellas se abocaron a la construcción de tres gigantescas (y modernas) arcas como la utilizada por el bíblico Noé en su momento, capaces de alojar a los sobrevivientes de esa nueva hecatombe, animales incluidos.
Sucede que el tiempo apremia, porque el fenómeno parece haberse adelantado y, consecuentemente, surgen muchos sobresaltos, muchas angustias y no menos intereses (sociales, políticos y económicos), que también entran a tallar en esa pugna a la apremiante hora de embarcar (y del sálvese quien pueda).
Pero siempre aparece un héroe (anónimo, un hombre común y valiente) que sale en defensa de todos y, por supuesto, es quien con su arrojo y sus decisiones hace frente a la situación, intentando salvar al mundo entero.
Emmerich es alemán (nació en 1955) pero trabaja en los Estados Unidos, en el marco de cuya industria cinematográfica encontró el campo propicio (y el dinero necesario) para sus mega emprendimientos fílmicos, uno de los cuales, años atrás, fue su promocionado El Día de la Independencia.
Con una vasta conjunción de elementos técnicos, con la espectacularidad, las intrigas, la acción constante y vibrante, el ritmo y hasta algún romance por ahí intercalado volvió a consumar aquí otra de sus generosas producciones. Además contó con todo un arsenal de efectos especiales y un discurso que continúa siendo habitual (y ya clásico) dentro del cine de Hollywood, fiel a los cánones establecidos por su poderosa industria.
El filme tiene una duración superior a las dos horas y medias, que son ligeramente entretenidas y de ritmo ágil, pero hay que convenir que, para lo que es la obra en sí, ese es un tiempo demasiado extenso. De todas maneras, debemos aceptar que, hoy en día, estas superproducciones son así, deliberadamente largas. A veces, sin demasiada justificación en lo argumental. La capacidad de síntesis no es algo que cuenta para estas megas realizaciones, cuyas tramas suelen estirarse más de lo necesario y conveniente. Cosas del cine actual, y de las exigencias que su negocio reclama.