“La gente tóxica es la que mete miedo y culpa, que descalifica”
El psicólogo y motivador Bernardo Stamateas dialogó con UNO Medios. Aconsejó que cada uno debe gestarse “un territorio donde autoprotegerse” para así evitar “las emociones patológicas”
Estrés, depresiones, conflictos con la pareja, falta de diálogo con los hijos, amigos que no lo son tanto, jefes autoritarios. En definitiva, un inmenso mar de soledad emocional que en pleno siglo XXI constituye uno de los desafíos más importantes para la humanidad: cómo ser felices a pesar de las circunstancias y acompañados por nuestro entorno íntimo, por el otro.
Sin embargo, esa búsqueda puede ser infructuosa si no damos con los caminos adecuados, facilitadores de la ansiada felicidad. ¿A quién recurrir entonces? ¿A la religión? ¿Al psicólogo? ¿A los libros de autoayuda? ¿Al médico que cura el malestar corporal? ¿Cuál es la llave para ser más plenos en esta vida?
Y de pronto, cientos de gurús del buen vivir aparecen en la televisión, son seguidos y recomendados por figuras del espectáculo como Mirtha Legrand o de la política como el mismísimo Julio Cobos.
Es el caso del psicólogo Bernardo Stamateas, autor del libro Gente Tóxica, y quien dedica gran parte de su actividad a descifrar las claves para sentirse bien en este convulsionado mundo. Stamateas habló con UNO Medios y analizó esta problemática y cómo salir adelante. ¿Valen la pena estos consejos? ¿Un libro puede solucionarnos la vida entera? El psicólogo Bernardo Stamateas contesta, comprendiendo que muchos pueden desconfiar de su perspectiva profesional.
“Yo prefiero hablar de crecimiento personal antes que de autoayuda, porque este término supone que la persona tiene algún problema. Y vos te podés acercar a un libro porque querés saber sobre ese tema, no porque lo sufras. Pero como el género no está delimitado, todo lo que no es ficción o historia es autoayuda, y allí incluyen todo tipo de cosas. También es subjetivo, porque va a depender de cada uno. A una persona una lectura le va a hacer mucho bien y para otra será una lectura básica; tiene que ver con el momento evolutivo de la persona. El libro –sigue Stamateas– no te cambia la vida en nada, intenta ser un disparador para repensar el tema. Nadie debe acercarse mágicamente a ninguna lectura. El eje de mis libros es la inteligencia emocional en dos grandes ramas: la intrapersonal, la capacidad de conocerse a sí mismo, y la interpersonal, cómo me conecto con el otro, porque nadie llega solo a la cima”.
—Usted utiliza mucho la palabra “tóxica” junto con otras como “gente”, “fe”, “emociones”, ¿por qué?
—Todas las emociones que guardamos son tóxicas, porque las encapsulamos y las mandamos al cuerpo: ahí nos enfermamos. Vengo de un curso sobre el manejo de la ira que se hizo en Estados Unidos. Allí, un médico de Inglaterra me contó que los hombres se mueren del corazón los lunes a media mañana. Esto es así porque culturalmente nos han enseñado a no mostrar nuestros miedos, la mujer sí puede mostrarlos pero no así las broncas, porque sino se la califica de machona. Tenemos una influencia cultural que nos dice qué emociones podemos sentir y cuáles no, y qué podemos expresar y qué no. Entonces, mi tesis es que todas las emociones son energía, no hay que guardarlas sino gastarlas. Y diferencio dolor de sufrimiento. Por ejemplo, a lo largo de la vida se calcula que tendremos alrededor de 40 pérdidas, en el trabajo, de algún ser querido, de amigos, de parejas, etcétera. Nos enseñaron a ganar pero no sabemos qué hacer cuando perdemos. Entonces, entramos en un proceso de dolor, y el duelo es normal. Pero, ¿qué pasa cuando se transforma en sufrimiento? Más claro, se murió nuestra madre y no le dijimos lo que sentíamos: ese dolor se transforma en una emoción tóxica, en un sufrimiento.
—¿Siempre se puede decir todo?, ¿cómo no cometer sincericidio?
—No, no digo lo que quiero, donde y cuando quiero así nomás. Otro elemento es el autodominio, tengo que saber distinguir: es lo mejor hablar, callarme, negociar, irme ahora, ignorar la situación. En el contexto necesito ver cuál es mi mejor manera de reaccionar. La expresión debe ser inteligente, no bajo impulso, sino lastimaríamos al otro y también a nosotros mismos. Para eso está bien buscar un buen amigo, escribir las emociones. Las abuelas escribían sus diarios, sus poesías, y eso era muy terapéutico, eso habría que volver a hacerlo. La idea es rodearse de la gente que te nivela para arriba y alejarse de quien nivela para abajo.
—¿Pero eso no es una forma de discriminación hacia quien es menos exitoso, o feo, o enfermo, o que aporta poco al prójimo?
—No, esa gente no es tóxica, la gente tóxica es toda persona que te mete miedo y culpa, que te manipula, alguien que te descalifica, que te grita, el chismoso, un falso, un agresivo y esta gente que quiere decirte qué hacer, que te pone límites. Pero cada uno de nosotros tiene derecho a tener un territorio dónde autoprotegerse. Tenemos derecho a juntarnos con quién queremos, a equivocarnos, a cambiar de opinión, a tener la moral que creamos justa, y eso tiene que ser respetado, pero primero tenemos que recuperarlo nosotros mismos en nuestro interior.


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