Una comedia muy ocurrente
Igualita a mÍ. Adrián Suar y Florencia Bertotti protagonizan una película tierna, con un ajustado guión y muy buenas actuaciones
El cine argentino de corte costumbrista y familiar forma parte de su tradición (a pesar de que, desde Así es la Vida o Los Martes Orquídeas ha pasado mucho agua debajo de los puentes), una tradición que con el transcurrir del tiempo fue cambiando, es decir fue aggiornándose. Así es que, más contemporáneamente, aparecieron piezas como Un Novio para mi Mujer o Papá se Volvió Loco, hasta llegar a esta Igualita a Mí, todas con una tónica más actualizada y dinámica.
La historia es aquí ingeniosa, también ocurrente: un soltero cuarentón, adicto a la buena vida (mujeres, noches en boliches bailables y muchas copas…), descubre que en un viaje de egresados, en el sur del país tuvo relaciones con una joven a la que dejó embarazada (cosa de la cual él nunca se enteró). De lo que sí se entera es que veintitantos años después, en una de sus habituales veladas de juerga conoce a una chica que le asegura que él es su padre, según indicaciones que le transmitió su propia madre. ADN de por medio, se confirma su paternidad y, a la vez, que la jovencita está embarazada (aunque no de él).
A partir de ahí comienza a desarrollarse una serie de enredos, malentendidos y sobresaltos que alteran la tranquilidad de ese hombre acostumbrado a la buena vida, habitualmente apacible y sin demasiados compromisos.
Él acepta el resultado de los análisis y, tácitamente, también su paternidad, pero es ahí cuando entran a tallar su propia familia (sus padres y su hermano) y la de la muchacha (su madre, con la que él había tenido aquel desafortunado affaire, y el novio de la chica, verdadero autor de su embarazo). Hay otros personajes que se entrecruzan en la contienda, siempre con humor y con un desenlace previsible.
Igualita a Mí es así una comedia entretenida, inteligente y hasta bien actuada, con Suar a la cabeza, Florencia Bertotti y Claudia Fontán haciendo de una peluquera que trabaja mucho sobre la cabeza del protagonista (con cortes, peinados y tinturas) y concluye trastornándosela sentimentalmente. Además reaparece Juan Carlos Galván, recuperado para el cine después de tantos años de batallar en la televisión.


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