“Sigo sin saber qué se esconde detrás del crimen de mi hija”
Lo aseguró Ada Morales, madre de la joven, y agregó que “el dolor más grande que tengo es ver caminando libremente a quienes fueron condenados por la muerte de María Soledad”
Esta semana se cumplen 20 años del crimen de María Soledad Morales, la joven estudiante secundaria de 15 años que fue asesinada a la salida de un boliche en Catamarca, cuando junto con sus compañeros estaban recolectando dinero para el viaje de egresados.
Con la liberación de los condenados Luis Tula y Guillermo Luque, quien el pasado 12 de abril fue beneficiado con la libertad condicional, la madre de la joven sigue reclamando justicia.
Ada Rizzardo de Morales manifestó su dolor “por el monumental encubrimiento” del crimen de su hija: “Sigo sin saber y entender qué se esconde detrás de la muerte de mi hija”, aseguró.
Asimismo, señaló que este miércoles, día en que se cumplen los 20 años, se llevará a cabo una misa en la Parroquia Nuestra Señora de la Merced, donde se espera la presencia de Marta Pelloni, ex directora del colegio Nuestra Señora de la Merced, donde asistía Soledad y principal impulsora de las marchas de silencio en reclamo de justicia.
“Yo no me quejo de todos los que ejercen justicia, ni tampoco de toda la policía, pero uno sabe que desde el primer momento se encubrió a los asesinos y se taparon las pruebas, y ése es el dolor más grande que tengo”, confesó. En ese sentido, reveló que su mayor dolor es ver caminar libremente a quienes fueron condenados por el crimen de su hija. En el caso de Luis Tula fue liberado tras cumplir los nueve años de su condena como partícipe del asesinato, mientras que Luque fue beneficiado con la libertad condicional en abril por haber cumplido los dos tercios de su condena.
“Todo este tiempo, un inocente estuvo preso en Catamarca”, expresó Luque a la prensa, al retirarse de los tribunales catamarqueños, luego de ser notificado de su libertad. A todo esto, Ada señaló que el dinero por el resarcimiento de la muerte de su hija, y que habían donado con su esposo Elías Morales al Hospital de Niños, nunca llegó a destino porque Luque y Tula –que ya cumplió condena– se declararon insolventes.
María Soledad desapareció el 8 de septiembre de 1990 después de haber participado de una fiesta de estudiantes y dos días después fue encontrada asesinada en Parque Daza, en las afueras de la capital catamarqueña. La familia, compañeros del colegio y habitantes de la provincia denunciaron que detrás del crimen estaban “los hijos del poder” y organizaron marchas de silencio. El caso tomó notoriedad nacional y el Gobierno Nacional de entonces dispuso la intervención federal de la provincia cuyo gobernador era Ramón Saadi.
El papá de María Soledad, Elías Morales, está jubilado desde 1995, y ahora se dedica a las tareas domésticas junto a su esposa. Cuidan las plantas de naranja y de lima que tienen en el fondo de la casa. Limpian la acequia que trae el agua para el riego y ayudan a criar a sus seis nietos.
“Sé que muchos le tienen odio a la familia Morales, porque dicen que dividimos a Catamarca –continúa Ada, con amargura–. Pero jamás se me cruzó por la cabeza dividir a nadie. Jamás nos imaginamos que la muerte de mi hija iba a provocar semejante levantamiento de la gente de Catamarca”.


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