Santa Fe
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Viernes 10 de Septiembre de 2010
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Viernes, 10 de Septiembre de 2010
 

Asaltaron y golpearon a una familia en barrio Transporte

Las víctimas fueron los esposos Susana y Mario Monsalvo, su consuegro y el hijo de éste. Una yunta de delincuentes ingresó a su casa de Alberti al 2.600 y les hicieron vivir un mortificante calvario

El martes a las 20.45 se desató una verdadera odisea para los integrantes de dos familias en el interior de una vivienda de barrio Transporte, cuando dos delincuentes ingresaron subrepticiamente al interior de la casa ubicada sobre calle Alberti al 2.600, golpearon con violencia a los presentes y también a los que llegaron después.
Al llegar dos hombres con las cervezas que habían comprado en una despensa barrial, se produjo un violento encuentro con los extraños delincuentes que concretaban su faena delictiva. El dueño de casa terminó con golpes en todo el cuerpo y un muy visible hematoma en la oreja del lado derecho.
Diario UNO de Santa Fe dialogó con Susana y Mario Monsalvo, los dueños de casa, que habían recibido a su consuegro y al hijo de éste cuando se produjeron los hechos que ellos mismos narran.

—Susana, ¿nos puede contar cómo fueron los sucesos vividos?
—Sí. Claro. Mi esposo y yo recibimos al padre de la novia de nuestro hijo menor, que además es un compañero de la escuela primaria de mi esposo y un amigo familiar de toda la vida. Mi marido y el hijo de nuestro consuegro fueron a comprar dos cervezas hasta una despensa del barrio que queda cerca de nuestra casa, y yo me quedé preparando una picada para cenar.
Pero todo cambió abruptamente cuando se abrió la puerta del hall que está delante del comedor y vimos cuando ingresaron dos delincuentes, armados y con el rostro cubierto con camperas o telas oscuras que no permitían ver las facciones.
Ellos empezaron a gritarnos a mi consuegro y a mí, se aproximaron y el delincuente más bajo de estatura le pegó un culatazo en la cabeza a él, que se cayó de la silla; después me empujaron a mí, me caí y también me golpearon. Yo mientras tanto, quería que los delincuentes se fueron lo más rápido posible, porque mi esposo y el hijo de nuestro consuegro llegarían de un momento a otro, y no sabíamos cómo terminaría toda esta situación.

—¿Pero lo que usted temía fue lo que terminó sucediendo?
—Claro que sí. Primero entró el hijo de nuestro consuegro con una cerveza en cada mano, y detrás de él, mi esposo, que fue agredido ni bien traspuso la puerta por el mismo delincuente que había agredido a mi consuegro.

—Mario, ¿usted se enfrentó a trompadas con los delincuentes?
—Sí. Y no tenía ninguna otra opción que hacer lo que hice, y no me arrepiento, porque lo que estaba en juego era mi esposa, y un amigo de toda la vida que es el padre de la novia de nuestro hijo menor, y su hijo que era quien me había acompañado a comprar un par de cervezas para comer una picada y charlar un rato.

—¿Cómo lo atacaron?
—Le explico. Yo entré al hall de mi casa, y uno de los delincuentes que estaba agazapado detrás de una pared, me golpeó con su arma en la oreja derecha con una violencia tremenda que me tiró al piso, pero yo igual me recuperé y me levanté lo más rápido que pude, pero el segundo delincuente se me vino encima y las cosas se complicaron un poco más. Pero, en fin, hice todo lo que pude para que se fueran de mi casa. Y al final se fueron.

—¿Qué fue lo que les robaron?
—Mi mujer le dio dinero en efectivo que tenía, algunos pesos, y algunos billetes de cambio que había arriba del mobiliario, y los anillos que llevaba puesto mi esposa,

—¿Acá la cuestión no es lo material, sino el momento vivido?
—Sí, a eso me quiero referir. Lo del dinero, y las alhajas son pérdidas, pero acá lo que más importa es el mal momento vivido, a nosotros nunca nos había pasado una cosa así, y esto no se olvida tan fácilmente.

—¿Tomarán otras precauciones de ahora en adelante?
—Sí, haremos lo necesario. Lo que vamos a tener es cuidado y precaución. Miedo no. El miedo paraliza y no es bueno. Lo que hay tener es mucho, pero mucho cuidado.