Rafaela: escasea el agua y evalúan poner límites
Sería para los grandes usuarios que no destinan el líquido para el consumo humano, como los lavaderos de autos
La ciudad de Rafaela durante todos los veranos presenta algunos inconvenientes para poder satisfacer la demanda de agua potable. Para esta temporada, las autoridades de la empresa Aguas Santafesinas SA (Assa), junto a la Municipalidad local, están evaluando la posibilidad de aplicar restricciones forzosas al consumo del líquido.
Una de las medidas que se evalúan estaría orientada a obligar a los lavaderos de autos a utilizar agua de pozo y lo mismo se haría con otros grandes consumidores que no la utilizan para consumo humano.
El 4 y el 5 de enero se registraron picos extraordinarios de consumo (por las altas temperaturas) y varios barrios de esa ciudad del oeste santafesino se quedaron sin presión en las cañerías o directamente no tuvieron una gota de agua, lo que generó una renovación del hartazgo de los rafaelinos frente a la falta de respuestas a esa problemática, agravada por la decisión del gobierno provincial de dejar sin efecto la licitación para la construcción del acueducto troncal que debía beneficiar a Rafaela.
Según castellanos.com.ar, frente a ese panorama, las autoridades de Assa, en conjunto con el municipio, están evaluando la posibilidad de aplicar restricciones forzosas al consumo. Una medida estaría orientada a obligar a los lavaderos de autos a utilizar agua de pozo y lo mismo se haría con otros grandes consumidores que no utilizan el agua para consumo humano, sino para otros usos.
La problemática no es nueva, pero se agrava todos los años. La capacidad de producción y transporte de agua para distribuir en la red domiciliaria rafaelina hace rato que llegó a su techo. Sencillamente, no se puede poner en la red más agua de la que hay. Cuando la empresa estaba privatizada, en manos de los franceses que controlaban Aguas Provinciales, la política fue negar que la producción resultara insuficiente y siempre se prometían soluciones para el año siguiente.
La respuesta de los vecinos fue arreglárselas como podían. La mayoría instaló bombas centrífugas, que chupan directamente el agua de la red, descartando la opción adecuada, que es la de instalar una cisterna junto a la canilla de registro y tomar de allí el agua para enviarla a los tanques de almacenamiento mediante el uso de las bombas referidas.
El mecanismo elegido por la mayoría, en el sentido de chupar el agua directamente de la red, provoca innumerables perjuicios a los que no tienen las bombas instaladas, que se quedan automáticamente sin agua. Además, Assa no puede hacer inspecciones sin órdenes de allanamiento.
Esa problemática, sumada a la falta de recursos para renovar las cañerías obsoletas, provocó un caos en el servicio de distribución de agua. Combinado con la oferta escasa de líquido, el resultado no podía ser otro que los gravísimos problemas de provisión en los barrios.
De todas formas, este verano los problemas disminuyeron esencialmente porque llueve cada dos o tres días, e incluso las temperaturas no fueron extremas como sucedió en otros años.


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