Santa Fe
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Martes 12 de Enero de 2010
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Lunes, 11 de Enero de 2010
 

Es pianista, tiene sólo 10 años y dará un concierto en Perú

Francisca Baetti viajó junto a otros seis chicos del país al Festival Internacional Suzuki de Música

Dicen que cuando nació, hace diez años, era muy menudita pero ya llamaban la atención los largos dedos de sus manos. Tal vez eso haya sido un presagio, o lo que hoy los adultos quieren ver. Lo cierto es que Francisca Baetti, alta, larga, tímida, aniñada y silenciosa, terminó siendo la pianista de la casa. Y bajo ese perfil viajó esta semana, junto a otros seis chicos del país, al XXV Festival Internacional Suzuki de Música en Lima, Perú (ver aparte).
Voló por primera vez en avión, tocará junto a niños de 11 países latinoamericanos y conocerá un lugar desconocido que sólo supone “grande”. Pero nada de eso la pone nerviosa a esta nenita de dedos largos. Francisca al piano sólo transmite serenidad y ternura. Y así ofreció, especialmente a UNO Medios, un adelanto de lo que tocará en Lima: Oblivion de Piazzolla.
Su mamá, Florencia, es docente y además, una típica mujer deportista. Pero Francisca no salió a ella sino a su papá, el guitarrista casildense Luis Baetti. No sólo se le parece en lo físico, sino que es tan virtuosa como él en lo musical. De hecho ya ofrecieron audiciones juntos, para la familia y el público de la Escuela Municipal de Música Juan Bautista Massa a la que asiste Francisca. Sobre el curso de sus genes la nena hace un chiste y dice: “Mi mamá de música nada, ella sólo cobra las entradas”.
Recuerda que Dos por Diez fue la primera canción que tocó a los cinco años. Un tema de melodía sencilla incluido en su libro inicial que no duda en hacer sonar desde el living de su casa en barrio La Tablada. No será lo único que ofrecerá en concierto: luego, con su espalda alineadísima y seria, seguirá con Sonatina, de su libro número 3 (tema sobre el que ya tiene aceitados el primer y segundo movimientos) y Oblivion, una pieza que erróneamente aprendió en do, pero que en Perú deberá ejecutar en la; un cambio de registro que le demandó diez días más de arduo trabajo.
Cuando cumplió ocho años sus padres la sorprendieron. Le regalaron un piano digital comprado con sangre, sudor y lágrimas. Le dedica dos horas diarias a este teclado que ocupa un lugar importantísimo en la casa, tan especial que desplazó a un rincón a las tres guitarras de su padre y que interrumpe el paso de Paloma, la hermanita de cuatro años de Francisca, quien ya promete ser una pianista más en la familia.

Rara
Francisca toca lo que le enseñan. Le gusta el clásico y eso la convierte en la rara del barrio. No escucha nada de lo que les fascina a las nenas de su edad y se publicita en la tele. Sólo atesora discos y hasta casetes infantiles –y viejísimos– como los de Gaby, Fofó y Miliki, y María Elena Walsh. ¿En cine? Dibujitos. ¿Compu? Sí, chatea con amigas. Y dibuja lindo. En la puerta de la cocina se ve una obra bella a puro lápices de colores, dedicada a su hermana donde dice: “Te quiero, hermosa”.
La enoja que le pregunten por algún novio. Simplemente esos temas no le interesan, porque dice que son “cosas de grandes” y Francisca confiesa que ella así “está bien”. No quiere crecer. Una especie de Peter Pan en versión nena; lo admite y cuenta algunos miedos al respecto que este diario preservará porque son de ella y nadie más.
Para viajar contó con el apoyo de Cultura de la provincia, del municipio y también de dos legisladores. No quiere olvidarse de ello y lo revela. También dice que en la escuela es apenas “buena”: una nena para siete u ocho, y que acude a la escuela de música tres veces por semana a clase grupal, individual y de audioperceptiva.
Todo ese trabajo, que ella vive casi como un juego, será compartido durante una semana con otros chicos de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Uruguay, México, Perú y Paraguay.