Santa Fe
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Miércoles 20 de Octubre de 2010
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Viernes, 13 de Febrero de 2009
 

La Yarará: sus características, cuidados y algunas anécdotas

Se las encuentra en muchos lugares de nuestra región y si va de pesca o caza debe tomar una serie de precauciones. Entre historias y dichos, contamos algunas de las particularidades de este reptil

Yarará: tan sólo el nombrar a este reptil hace que una persona pueda permanecer alerta a cualquier movimiento a su alrededor, y aún en la comodidad de nuestro hogar se nos puede poner la piel de gallina. No hablaremos aquí de los nombres científicos de este bicho, para ello cualquier diccionario le dará la definición, también llamada Víbora de la Cruz, Urutú, Crucera o Yarará Guazú.
Sin caer en la jugarreta lingüística de si muerden o pican, para mí la vez que me enfrenté a una, no me puse a pensar en esos términos de gramática castellana, sólo quise, mirando para todos lados, por el susto, por llamarlo de esa manera, que no apareciera otra. Dicen que andan en yunta, me puse a buscar el medio más seguro para matarla, escopeta si algún amigo llevó una o un palo largo para no correr peligro.

Algunas características
La yarará grande, guazú o de la cruz tiene un largo total que puede llegar a superar por poco el metro y medio. Presenta una coloración general castaño claro y característicamente posee una serie de manchas con forma de riñón de color castaño oscuro y de distribución dorso-ventral. Estas manchas están bordeadas por una línea blanca.
La cabeza es oscura con líneas blancas, bien triangular con lo que parecen ser los maxilares bien abultados. La panza es blanquecina, luego le continúan dos líneas paralelas de manchitas que llegan hasta la región anal. Lateralmente esta yarará posee manchitas irregulares con forma de riñón y en la cola tiene puntos negros a los lados, el cuerpo grueso y la cola corta y cónica.
Alguno por ahí llamó a este bicho, falsa cascabel, por el agitar del extremo de la cola, que cuando pega en suelo firme hace un tamborileo y se asemeja al de una cascabel, más si lo hace sobre una hojarasca seca, cuando emite este sonido, ¡cuidado amigo!, seguro está enrollada con su cabeza elevada con su cuello como una S lista para saltar, bueno, en realidad no da un salto propiamente dicho, pues no se despega del suelo, sólo se estira en la longitud que permite su largo, ¡pero mire si se va a fijar en detalles en ese momento! Además no va a andar midiéndola con un centímetro. Hágase a un lado con cuidado de no pisar a la compañera o de no resbalarse. Cuando hacen estos ataques son certeras y rápidas y difícil de esquivar.
Les cuento una anécdota: a mis 12 o 13 años, mi hermano mayor trabajaba en Vialidad Provincial y estaba destinado en San Cristóbal, al noroeste de la provincia de Santa Fe, lugar infectado de estos bichos y del tamaño que usted quisiera. Allí como compañero de trabajo de mi hermano estaba el Indio Gómez, un señor de cincuenta y pico de años, por entonces, que se entretenía haciendo enojar yararás con un palito y luego las degollaba, cuando él se cansaba de que le tiraran picotazos, con un cuchillito muy filoso.
Fue allí donde me enteré que estas bichas no trepan como otras serpientes, bien, la semana que permanecí por allí dormí en una improvisación de hamaca paraguaya, con una buena altura del piso donde estos reptiles no lleguen a saltar.

Ante una mordedura
En caso de mordedura, no se debe hacer nada, lo mejor es llevar en forma urgente al accidentado al centro médico más próximo. Si el accidente se dio en la zona de las piernas se tiene al menos unas seis horas para llevar sin problemas al médico más cercano. No se deben hacer cortes en la herida ni torniquetes ni nada por el estilo, hay que tratar de mantener al accidentado lo más calmo posible, en posición recostada.
El antídoto para este poderoso veneno que nos meten en el acto de su mordedura, es el suero antiofídico, que sólo debe ser administrado por el médico, pues la dosis a colocar depende del tiempo de coagulación de la sangre, en caso contrario podemos agravar la situación.
Si anda buscando alguna, las épocas de calor son las mejores, estos bichos no fabrican sus nidos, se meten en huecos de troncos caídos, en algún follaje, debajo de montones de leña, por lo tanto, mucho cuidado cuando salimos en nuestras excursiones ya sea de pesca o caza, a buscar leña para pernoctar, no meta la mano así nomás entre medio de ramas tiradas por ahí, lleve siempre consigo un palo para escudriñar antes de meterse en cualquier lugar.
Se las suele ver en los campos, son de hábitos nocturnos o crepusculares, donde salen cazar su comida, durante la época de invierno suelen permanecer aletargadas aunque en los días de buen sol salen a asolearse.
Para terminar les cuento otra anécdota que le escuché a mis tíos en el campo. Allá por Cacique Ariacaiquín, “no hay yarará que no sea mala, la madre después de parirlas, abandona el nido y deja solas a las chiquitas, de repente se aparece haciendo gran barullo, si alguna se espanta y no le hace frente a la madre, inmediatamente las mata, no quieren hijas miedosas”. Yo no sé si será cierto este dicho de mis tíos, pero mientras estoy escribiendo ya miré un par de veces para el piso.