Santa Fe
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Jueves 27 de Octubre de 2011
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Domingo, 23 de Octubre de 2011
 

“La clave del secuestro virtual es que no se corte la llamada”

El lunes, una médica santafesina fue víctima de una extorsión telefónica. Durante ocho horas le hicieron creer que tenían a su marido rehén. Cómo protegerse del engaño y qué hacer si se concreta

Fueron ocho horas de desencuentros, de tensión y de reacciones no pensadas ante las amenazas que esgrimía una voz masculina a través del celular, las que vivió Cecilia, una médica santafesina de 33 años, a quien el lunes pasado delincuentes le hicieron creer que su marido estaba secuestrado.
La historia comenzó a las 10.30 y finalizó a las 18.30, cuando la mujer ya había depositado más de 20 mil pesos en distintas cuentas bancarias de Córdoba. El reencuentro de la familia hizo que los testimonios de cada uno de los integrantes permitieran entrelazar las estrategias utilizadas por los delincuentes para lograr el éxito de la operación. Pero, también sirve como ejemplo concreto sobre cómo aplicar las recomendaciones de seguridad pensadas para prevenir y frenar la maniobra delictiva.
“El episodio comienza con un llamado a mi suegra, en Villa Gobernador Gálvez. Le dicen que tienen secuestrado al marido y que si no entregan dinero lo van a matar. Ella le contesta que no tiene dinero, que tiene que pedírselo a la cuñada, y eso implicaba cortar el teléfono. Entonces le dicen: «Vos tenés una hija» y ahí es cuando, por los nervios, mi suegra comete el error de darle el nombre y el teléfono de Cecilia”, contó Fernando, el marido de la joven médica.
Sin perder tiempo, los delincuentes llaman a Cecilia: “Soy comisario, hay un hombre herido en un accidente que dio su nombre, ¿quién puede ser?”, escucha la mujer, y contesta: “Puede ser mi marido”. Y con esa frase, comenzó el secuestro virtual.
“De fondo, ella escuchaba gritos, le decían que me iban a matar y le dan instrucciones precisas. Tenía que contar cuánto dinero tenía en la casa, dejar el bebé con una vecina, salir a la calle, tomar un taxi e ir a hacer los depósitos. Siempre manteniendo la comunicación abierta con los secuestradores”, agregó Fernando.
Una sumatoria de casualidades hicieron que las amenazas de los delincuentes cobraran fuerzas. Por su profesión, Fernando anda mucho en auto por la ciudad, por lo que Cecilia –en un primer momento– supuso que le podría haber ocurrido el accidente. Además, la vecina a quien Cecilia deja el bebé, pensó que la joven había salido apurada y se había ausentado tanto tiempo de su hogar por una urgencia médica. Y, finalmente, el matrimonio, tenía dinero en efectivo en su casa porque estaban a punto de cambiar el auto.

Con tonada cordobesa
Apurada, Cecilia salió de su casa y a las tres cuadras tomó un remís. El chofer de ese auto quedó detenido y se está investigando si fue parte o no del delito. Si bien la víctima en un principio declaró que fue al azar que subió a ese móvil, llamó la atención de los investigadores que el hombre, quien la condujo por toda la ciudad durante las ocho horas que duró la situación y en el estado de nerviosismo en que se encontraba Cecilia no le hubiera preguntado nada sobre lo que le ocurría.
Además, apenas sube al auto, los secuestradores le dicen a Cecilia que compre un celular usado, que destruya su propio chip, y que le pregunte al chofer dónde podía comprar un aparato de celular nuevo, a lo que el hombre le contesta que su mujer vendía uno y lleva a Cecilia a hacer la transacción.
“A partir de que ella destruye su chip, nosotros ya no podemos contactarnos a su celular. Ellos todo el tiempo la amenazaban y le decían que la estaban siguiendo, que la veían. Es la forma de limitarle el contacto con las demás personas”, explicó Fernando.
Las horas siguientes transcurrieron entre distintas casas de Rapipagos y de transacciones financieras, hasta que logró enviar a las cuentas de Córdoba todo el dinero que tenía. Y no es casualidad que las cuentas tuvieran origen en esa provincia: el delincuente que le hablaba a la mujer tenía una marcada tonada cordobesa. Mientras tanto, desde el mediodía, toda la familia de Cecilia y agentes de la policía ya la estaban buscando.

“Salimos a buscarla”
Es que el padre de la mujer tenía que buscar al bebé de la pareja a las 10.45, y es entonces cuando la vecina le cuenta que Cecilia se fue de la casa muy apurada. A los pocos minutos, el padre de la joven llama a Fernando y le cuenta sobre la llamada que ellos habían recibido en Gobernador Gálvez, y ahí se dan cuenta de lo que estaba sucediendo.
“Toda la familia se dividió y salimos en autos a buscarla. Fuimos a telecentros, a lugares donde podían vender tarjetas de celulares. En la policía nos dijeron que ése era el mecanismo más usual en este tipo de episodios. También fuimos a ver las cámaras de seguridad de la Terminal de Ómnibus temiendo que la pudieran haber sacado de la provincia. Mientras tanto, la policía buscaba en hoteles, averiguaban entre las empresas de remises y taxis. Para ese entonces, ya estábamos en contacto con la fiscalía de NN que había comenzado a investigar”, contó el muchacho.

Con la frialdad suficiente
La odisea de Cecilia terminó a las 18.30, cuando hizo todos los depósitos y le dijeron que fuera a su casa, que a Fernando lo iban a liberar en la plaza más cercana a su domicilio. Cecilia le pidió al remisero que la lleve hasta la plaza Pueyrredón, y allí esperó unos minutos hasta que le pide al chofer que la lleve a la clínica donde trabaja su marido y logran contactarse.
“En general, en estos casos, la plata es imposible de recuperar. En su momento no pensé en eso, quería ver a Cecilia, pero es una vergüenza que entidades de transacciones financieras no pidan datos sobre quién va a recibir el dinero. Cada caso es distinto, pero la recomendación que puedo dar, después de lo que nos pasó, es estar atento y nunca dar datos personales por teléfono. Y si te ocurre, y lográs la frialdad suficiente, ir a la comisaría más cercana y hacer la denuncia, o buscar la manera de explicarle a alguien lo que está pasando para que te ayuden”, finalizó el muchacho.