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Sábado 28 de Enero de 2012
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Domingo, 23 de Noviembre de 2008
 

Cuando el éxito se convierte en una necesidad

La cultura occidental está cegada por la necesidad de ganar siempre, por eso busca la manera de negar los fracasos

Por Isidro Solórzano Médico santafesino

En realidad en los pequeños y grandes fracasos tenemos un gran maestro. El encuentro con las dificultades da la posibilidad de la experiencia, el aprendizaje y la solidez en futuras decisiones. A muchas personas les sucede que fallar en ciertos actos los hace sentir como si eso implicara un fracaso. Así surgen los auto reproches como "no sirvo para nada", "soy un fracasado" o "soy un desgraciado".

En realidad todos los hombres y mujeres tienen fracasos. Así le pasó a Gandhi en varias oportunidades y Edison probó cientos de filamentos antes de encontrar uno apto para las lámparas eléctricas. Algunas fallas en los actos están en la condición humana y es inevitable, por ejemplo, para aprender a caminar son muchas las veces que un niño se cae. O podemos verlas en un deportista que para llegar a niveles superiores de exigencia, precisamente en lo que más fuerte debe hacerse es en superar las derrotas.

Los planes que hacemos y aún los que hacen profesionales de ciencias exactas como de la ingeniería o la arquitectura son influídos por infinidad de factores; ninguno es totalmente seguro del éxito. Paradigma del mismo es la experiencia del Titanic, que no pudo concluir ni siquiera su primer viaje.

Todos tenemos expectativas emocionales con las que siempre nuestro yo tiende a ensoñaciones y que es la fuente más grande de sensaciones de fracasos, sobre todo afectivas y económicas. En las primeras depositamos la posibilidad de felicidad en otra persona y en las segundas, la sensación de seguridad material; ambas pueden prolongarse indefinidamente con el consiguiente sentimiento de insatisfacción.

También hay quienes ponen su expectativa en la perfección, les parece que nunca están suficientemente bien hechas las cosas o acciones que realizan, llegando a vivir en medio de una meticulosidad inefectiva.

 

Fortalezas y debilidades

Si miramos cómo resuelven sus fracasos los personajes que marcaron la historia podemos aprender algunas cosas que pueden ayudarnos a vivir mejor:

Ante la repetición de algún fracaso hay que tener la actitud de analizar las causas, ver cuáles son las fortalezas y debilidades y aprovecharlas mejor.

Debemos saber que cuando dedicamos muchas energías a algo, descuidamos otros aspectos, así podemos ver que profesionales prestigiosos en determinados campos fracasan en otros, por ejemplo, tienen éxito en lo científico y fracasan en lo afectivo. De esto aprendemos a qué es necesario darle prioridad en la vida.

Nuestra vida se va formando con elementos cada vez más sutiles, y eso sucede a través de muchos años. Si una persona mayor quiere hacer deporte lo más probable es que no llegue a escalafones elevados, pero sí a una sabiduría en distintas ramas del conocimiento. Hay tiempos para cada cosa y saber elegirlos apropiadamente incrementa las posibilidades de evitar fracasos.

No todos tenemos las mismas habilidades, preparación y formación. Nuestros vínculos son una red de la que podemos recibir y dar ayudas. Saber pedir ayuda en ciertos momentos facilita la superación de fracasos. Los grandes políticos, deportistas y personajes actúan en equipo, son orientados y ayudados.

Todos tenemos fracasos, pero también logros. Valoremos las conquistas para que nos ayuden a motivarnos a fin de lograr nuevos objetivos.

Concienticemos los objetivos con claridad y hagámoslo coincidir con nuestro corazón y nuestro accionar. Cuando lo que hago coincide con lo que siento, cada logro es una experiencia de plenitud.

Tener un fracaso es como perder una batalla, pero no la guerra. Siempre hay otra oportunidad.

El ser humano tiene la posibilidad de descubrir el valor más preciado, que es la vida misma. John F. Kennedy decía: "El éxito tiene muchos padres, pero el fracaso es huérfano".