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Domingo, 10 de Agosto de 2008
 

Exponente de liberación sexual

A finales del siglo XVIII el Marqués de Sade introdujo en Francia, entre otras cosas, una nueva visión del placer sexual...

A finales del siglo XVIII el Marqués de Sade introdujo en Francia, entre otras cosas, una nueva visión del placer sexual. Ésta fue malentendida en su tiempo, como mera incitación a la perversión y al crimen. Inclusive en la actualidad recibe aún interpretaciones equivocadas.
De todas maneras, los escritos de Sade marcan el renacimiento del interés por las capacidades sexuales. Con violenta racionalidad, abrieron camino a la explosión de los sentimientos que significó el Romanticismo del siglo XIX.
Durante este siglo, la sexualidad comenzó a estudiarse con mayor serenidad. De todas maneras, la represión de sociedades puritanas, como la de Inglaterra en la época de la reina Victoria, continuó. Esa soberana tuvo, por cierto, un historial bastante irónico de excesos sexuales.
La sociedad victoriana ostentaba varias contradicciones morales. Por ejemplo, exigía continencia sexual a las mujeres “decentes”, y al mismo tiempo toleraba la prostitución como un vertedero inevitable de las necesidades “sucias” de los hombres.
Tal visión de la sexualidad, como algo impuro y condenable, impidió a muchos hombre y mujeres desarrollar plenamente sus capacidades amatorias. Pero las transgresiones a las trabas contra el erotismo no faltaron.
Lo peor fue que el concepto victoriano sobre sexualidad marcó los años posteriores con una serie de creencias equivocadas. Apenas en época reciente, con la llamada revolución sexual, pudieron empezar a corregirse.

La liberación del siglo 

El inicio del siglo XX fue también el principio del importante movimiento de liberación femenina. Éste sentó las bases para situar a la mujer en un plano de igualdad con el hombre. La mujer pudo, entonces, comenzar el conocimiento y desarrollo de su sexualidad de una manera más auténtica. Lentamente empezaron a desecharse los tabúes sobre el cuerpo y su capacidad sexual.
Por la mismas época, el psicólogo Sigmund Freud dio a conocer sus revolucionarias teorías sobre la sexualidad humana, que conmocionaron la mentalidad de la sociedad occidental.
Las teorías de Freud causaron bastante escándalo y consternación. Por ejemplo, las madres se sobresaltaron cuando el médico vienés afirmó que sus bebés experimentaban deseos sexuales con el contacto de sus pechos. Los machistas se enfurecieron al escuchar que sus conductas ocultaban tendencias homosexuales inconscientes.
Lo positivo fue que estas explicaciones de la conducta condujeron a una verdadera revolución sexual. Hombres y mujeres comenzaron a preocuparse por entender mejor el desarrollo de sus capacidades y habilidades sexuales.
Las dos guerras mundiales detuvieron temporalmente la preocupación de los científicos por redescubrir el cuerpo y sus posibilidades eróticas. Estaban dedicados a la investigación bélica. Por el contrario, la incertidumbre de la guerra no redujo sino aumentó la permisividad sexual en la sociedad, que a corto plazo propiciaría la liberación conceptual sobre el sexo.
A partir de la postguerra el interés por las técnicas sexuales creció a un ritmo sorprendente. En primer lugar, los interesados acudieron a las versiones de libros legendarios como el Kama Sutra y el Tantra. Luego de milenios, estos tratados eróticos se convirtieron en auténticos best-sellers modernos.
Poco después se dieron a conocer las investigaciones modernas que permitieron el nacimiento del la sexología como ciencia. Entre estos estudios destacan, por sus revelaciones y su popularización mundial, los que realizaron los doctores William H. Masters y Virginia Jonson, Helen S. Kaplan, Shere Hite, Alfred Kinsey y Wilhelm Reich, entre otros. Tales estudios aparecieron entre 1920 y 1980, y han sido revisados y ampliados considerablemente desde entonces, además de imitados.
La década de 1960, con sus movimientos juveniles de transformación política, económica y ética, trajo un cambio decisivo. La sexualidad se consideró desde entonces como una cualidad única del ser humano para lograr una unión anímica y física con sus semejantes. Cambió así, sustancialmente, la actitud de las sociedades hacia el conocimiento de la sexualidad y sus manifestaciones.
Durante esa década la educación sexual fue introducida en las escuelas de Occidente. Los niños, como en la Grecia y el Oriente antiguos, pudieron recibir una necesaria instrucción sobre la sexualidad y sus consecuencias en la edad adulta.
En nuestros días, la manifestación de la sexualidad ocupa un lugar importante dentro de la vida cotidiana. El cuidado por desarrollarla en forma libre y plena se hace cada vez más evidente y necesario en la civilización moderna.