EE.UU. finalizó la guerra en Irak que duró casi nueve años
Iniciada en marzo de 2003 por George W. Bush bajo el pretexto de que ese país tenía armas de destrucción masiva, se dará por concluida el 31 de diciembre con la salida de los últimos soldados
Estados Unidos concluyó ayer oficialmente su intervención militar directa de nueve años en Irak cuando sus soldados arriaron una bandera de su país en un acto celebrado en Bagdad. A la ceremonia asistió el secretario de Defensa de Estados Unidos, León Panetta, quien reivindicó la invasión que puso fin al gobierno dictatorial de Saddam Hussein. “Después de que se derramó una gran cantidad de sangre iraquí y americana, se cumplió la misión de conseguir un Irak que pueda gobernarse a sí mismo y mantener la seguridad”, aseguró Panetta después de que un grupo de marines dobló la bandera estadounidense y la guardó en una funda.
De los más de 100.000 soldados que Estados Unidos mandó a Irak, sólo quedan 4.000 que, según los planes, deberán abandonar el territorio invadido antes de fin de año.
El presidente estadounidense, Barack Obama, habló el miércoles en un acto en Fort Bragg, al sur de Estados Unidos, sobre la intervención en Irak, a la que se opuso desde el principio, que heredó como presidente y que ahora busca cerrar, dejando un Irak lleno de problemas.
No obstante, proclamó que se trataba de “un triunfo extraordinario que llevó nueve años” tras destacar “el duro trabajo y el sacrificio” de sus tropas en Irak.
Lo cierto es que a partir de la retirada total, las autoridades y las fuerzas iraquíes tendrán que hacer frente por sí mismas a los grandes problemas que dejó la invasión.
Una creciente insurgencia, fuertes tensiones entre distintas comunidades religiosas, altos niveles de corrupción, una gran incertidumbre política por la fragilidad de la coalición gubernamental y una economía altamente dependiente del petróleo componen el cuadro de Irak al finalizar la intervención.
La seguridad en la agenda
La seguridad es, sin duda, una de las principales preocupaciones de los iraquíes, en particular la lucha que libran los diferentes grupos sunnitas, desplazados del poder con la caída de Saddam, y los rivales chiítas, quienes ahora controlan el gobierno.
Incluso el gobierno de coalición que encabeza el primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, está prácticamente paralizado porque sus miembros, todos chiítas, suelen adoptar posturas irreconciliables de acuerdo a las comunidades a las que pertenecen.
Pero pese a los problemas heredados y los que se avecinan, la retirada de los marines fue festejada por los iraquíes como un acto de le devuelve la soberanía al país.
En la ciudad de Faluya, que fue el centro de la insurgencia de Al Qaeda y escenario de algunos de los combates más intensos durante la guerra, miles de iraquíes celebraron la retirada quemando banderas de Estados Unidos y portando fotos de sus familiares muertos.
La Casa Blanca aspiraba a dejar al menos algunos contingentes de tropas en la frontera con Irán, según trascendió en diferentes medios, pero aparentemente no se pudo llegar a un acuerdo.
No obstante, Obama, durante una reunión celebrada el miércoles en Washington, aseguró al primer ministro Al Maliki que su país seguirá siendo un socio leal cuando se hayan marchado los últimos soldados estadounidenses.


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