Encontraron tres personas vivas al otro día del naufragio
Una pareja de surcoreanos y un comisario de a bordo pasaron 24 horas en el barco. Ya son cinco las personas muertas
Al menos tres personas han sido halladas vivas y atrapadas en el barco un día después del naufragio. La pareja de surcoreanos, ambos de 29 años, estaba en su luna de miel y ha permanecido durante más de 24 horas en una de las cabinas. Los dos han sido trasladados inmediatamente a un centro hospitalario aunque se encuentran “en buen estado”, según ha informado la agencia de noticias italiana ANSA. El tercer rescatado, el jefe comisario de a bordo, fue evacuado en helicóptero durante la mañana del domingo.
“No sé cómo estoy viva”.
Es la única frase que rescata del llanto una mujer joven, italiana, envuelta en una manta térmica, sobre una colchoneta del polideportivo de Porto Santo Stefano, frente a la isla de Giglio. Muy cerca de ella, en inglés, en francés y en el español de las dos orillas, todos los testimonios coinciden: el rescate fue un desastre. Los náufragos, que en su mayoría cenaban en el momento del accidente, no tienen ni idea de si el capitán se salió de la ruta, pero todos coinciden en que la evacuación fue lenta y caótica, y que se perdieron unas horas preciosas. “A cada minuto que pasaba”, cuenta Marco, uno de los supervivientes, natural de Milán, el barco se escoraba haciendo más difícil alcanzar los botes salvavidas. A las dos de la madrugada del sábado –más de cuatro horas después de que una gran roca se incrustara en el casco del buque–, aún quedaban dos centenares de pasajeros –entre ellos, muchos niños– luchando por escapar.
Se da la circunstancia de que muchos de los supervivientes no supieron que estaban tan cerca de la costa hasta que ya estaban sobre el mar, a bordo de las lanchas de salvamento, porque la mole de 17 pisos se interponía entre ellos y la isla. “Nadie nos dijo”, resalta Vicente Bonín, “que estábamos tan cerca. Nos podrían haber evitado unos momentos de pánico que jamás olvidaremos”. Bonín es uno de los 177 españoles –siete de ellos tripulantes– que viajaban en el Costa Concordia. Uno de ellos, Guillermo Gual, de 68 años, procedente de Palma de Mallorca, continúa desaparecido. Durante toda la tarde, agentes de los carabinieri y de la Guarda de Finanza recorrieron los bares y las pensiones de Porto Santo Stefano intentando achicar la lista de los desaparecidos.
Las críticas de los supervivientes hacia la tripulación del barco se convierten en agradecimiento emocionado cuando se refieren a los habitantes de la isla de Giglio. Los vecinos –unos 1.500– se afanaron desde el primer momento en socorrer a unos náufragos que casi los triplicaban en número. La iglesia, el asilo de la parroquia, casas particulares y hasta el hotel Bahamas, que estaba cerrado por tratarse de temporada baja, se abrieron de par en par.
El Costa Concordia, tras atracar en Civitavecchia para que los pasajeros visitaran Roma, se dirigía al puerto de Savona (norte de Italia), y desde allí tenía previsto hacer escala en Palermo (Sicilia), Cagliari (Cerdeña), Palma de Mallorca, Barcelona y Marsella antes de volver a Civitavecchia. Una semana de diversión por menos de 1.000 euros, un carrusel sinfín, un hotel flotante que se derrumbó torpemente a los pies de una isla preciosa.


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