Sobre las actuales epidemias
En la historia de la humanidad han existido muchas enfermedades infecciosas que causaron y causan hasta hoy gran impacto en las poblaciones, así se describió que el paludismo precipitó la caída de la legendaria Grecia; en la Edad Media, gran parte de Europa fue diezmada por la peste negra (bubónica) y durante la conquista de los imperios incaico y azteca, la viruela y el sarampión, entre otras enfermedades transmisibles, causaron cientos de miles de muertos en los habitantes americanos, lo que facilitó la penetración y conquista de la América precolombina. Posteriormente padecimos cólera y seguimos con tuberculosis, la peste blanca de los últimos siglos, y la peste rosa, el sida, del XX y lo que va del XXI.
En el momento actual, en nuestro medio y en América latina se encuentran transcurriendo dos brotes epidémicos importantes, uno de gripe A y otro de dengue, que para nada han dejado de ser importantes, por lo cual es necesario seguir con las conductas de prevención, pues el tratamiento de estas dolencias no es fácil, aunque pueden autolimitarse.
Como señala el profesor y doctor Gorodner, un reciente informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático hace hincapié en que “si se cumplen las previsiones de los expertos, Argentina deberá enfrentar durante este siglo un aumento de las tormentas y del granizo; una creciente incidencia de enfermedades como el mal de Chagas, el dengue y la malaria (paludismo)”. Éstas no son las únicas enfermedades a tener en cuenta, habría que agregar, entre otras: fiebre por virus del Nilo Occidental, encefalitis de San Luis, hantavirus, etcétera. Las condiciones epidemiológicas en nuestra provincia están dadas para la aparición de las mismas.
Respecto del dengue y su forma severa, el dengue hemorrágico, se debe considerar que en la actualidad se reporta en más de 100 países y la población en riesgo es varias veces millonaria en cantidad de personas. Su incremento se ha asociado con el rápido crecimiento de la población, urbanización no planificada, inadecuado suministro de agua, dificultades en la recolección de residuos, con el consecuente incremento en el mosquito vector, el Aedes aegypti. Las migraciones y el incremento en los viajes facilitan la diseminación de los serotipos virales a nuevas áreas geográficas.
La gripe A, como dicen las autoridades de la OMS, ha llegado para quedarse. Si bien es cierto que en la actualidad han disminuido significativamente los casos, es muy probable que en un futuro muy próximo volvamos a padecerla.
Todo esto nos debe poner en alerta para no bajar la guardia en la prevención de las mismas. Este tipo de enfermedades reemergentes (que se controlaron y han vuelto a resurgir) y emergentes (nuevas) es de gran importancia para el país. Las instituciones de salud, los centros académicos, los centros de investigación, etcétera, deben trabajar coordinadamente creando una vigilancia adecuada, un diagnóstico temprano y una prevención satisfactoria, donde la educación debe ser prioritaria.
La coordinación debe ser nacional e internacional, ya que la globalización de las enfermedades infecciosas así lo exige. Las provincias deben actuar mancomunadamente. Los países deben estar unidos en esta lucha contra las enfermedades.
Factores sociales y económicos, de la atención médica, producción de alimentos, cambios en el comportamiento del hombre, cambios ambientales, deterioro de los sistemas de salud y adaptación y cambio de los microorganismos se relacionan con el surgimiento o resurgimiento de estas diferentes entidades.
La urbanización no planificada y la polución ambiental permiten que se establezcan criaderos de artrópodos (mosquitos) en neumáticos y recipientes, lo que favorece la transmisión de diferentes virus. Las grandes ciudades, de no contar con las condiciones de vida adecuadas, pueden servir de inmensas incubadoras para estas enfermedades emergentes y reemergentes. El incremento en la temperatura ambiente y la utilización de químicos ambientales (herbicidas, pesticidas) podrían alterar la relación vector/virus en forma directa o indirecta, lo que aumenta la circulación de estos virus transmitidos por mosquitos.
La pobreza acentuada, que impide el buen desarrollo de la condición humana cuando las políticas gubernamentales no son las adecuadas, lleva al desconocimiento de las más elementales normas de higiene sanitaria, que asociada a alteraciones en la conducta, a la minusvalía de los principios éticos y a los valores más sagrados del individuo lo exponen a la adquisición de diversas enfermedades que conocemos como patología de la pobreza, entre las cuales está el dengue.
La Argentina de nuestros días se mueve en este doloroso realismo, por lo que es fundamental entender estas cuestiones para tratar de frenar y revertir este gravísimo problema.
Quizás la medida de mayor importancia en la lucha y prevención frente a las enfermedades emergentes y reemergentes, además de la educación, es el necesario y prioritario desarrollo económico y social de los países del mundo en desarrollo, que permita un mayor acceso de las poblaciones de estos países a niveles superiores de calidad de vida y niveles de salud satisfactorios, así como una explotación racional y planificada de los recursos naturales que éstos poseen.
No todo se debe dejar en manos del Estado, es fundamental el compromiso individual y social en el cumplimiento de las normas de prevención de las distintas enfermedades, por ejemplo, descacharrado para el dengue, aislamiento cuando sea necesario, cuidados al toser o estornudar para la gripe A y por supuesto consultar al médico de forma precoz.
El Estado debe orientar, el médico diagnosticar y tratar, la población, a través de las instituciones específicas, educarse y aplicar las normas de prevención. Comprometiéndonos y trabajando aunadamente podremos vencer estas enfermedades epidémicas. No es tarea de unos pocos, es tarea de todos.


Santa Fe















