La importancia del cuchillo para la caza y la vida cotidiana
Fue una de las primeras herramientas que se fabricaron y existen innumerables tipos y modelos. Sin embargo, nunca se produjo uno ideal para la caza
Un cuchillo de caza debe ser capaz de realizar innumerables y de las más diversas tareas, por lo que muchas veces se hace difícil hallar aquel que cumpla con todas eficientemente. Los compromisos que hay que realizar para encontrar una herramienta de estas características –que además esté bien balanceada– son tantos, como la cantidad de gustos de los usuarios por complacer. Por eso, la tarea de encontrar ese cuchillo ideal se torna en una quimera.
El raspador –antecesor directo del cuchillo– fue quizás una de las primeras herramientas que el hombre fabricó. Y no es casual que la creación de este utensilio que representa el ingenio humano, haya visto la luz impulsado por las necesidades que se creaban alrededor de una actividad básica para nuestros predecesores: la caza.
Desde los primeros cuchillos de pedernal u obsidiana, hasta los más modernos de cerámica o titanio de hoy, existe un hecho en común con respecto a su manufactura que no hemos podido resolver: producir un modelo universal que sea el ideal para la caza.
Si bien ya han pasado varios miles de años desde nuestros primeros intentos, y en el ínterin hemos fabricado billones de cuchillos, el problema sigue sin haber sido resuelto a entera satisfacción. Si se juntasen diez cazadores para definir cuál es el ideal no creo que logren ponerse de acuerdo. Ni hablar de una reunión entre diez mil personas.
Para el hombre, cazar fue y continúa siendo una actividad muy importante. Incluso hoy, aunque el hecho de salir a abatir la presa que nos alimentará no sea una necesidad cotidiana, ya que para ello existen los frigoríficos. Pero aún así no podemos prescindir del cuchillo, particularmente en esos lugares de faena, en los cuales las diferentes facas son el alma de la industria. Como tampoco podemos hacerlo en nuestro hogar, donde poseemos uno para comer, otro para deshuesar el pollo, uno con filo tipo serrucho para cortar el pan y hasta un tercero para trozar el asado que hemos de servir. Y si no, veamos la valija de un chef, que lleva diez o doce, todos de formas distintas y para usos específicos.


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