Stolbizer refuerza su alianza con Alfonsín y se aleja de Carrió
La entente panradical busca salir del estilo anti-K duro y mostrar una cara de mayor moderación. El PS, en tanto, apuntala el giro hacia un nuevo Acuerdo Cívico con la cara de Ricardo al frente
La alianza panradical, constituida como herramienta electoral en Acuerdo Cívico y Social en 2009, tramita con mucho esfuerzo un intento de reconfigurar estética, aunque sin cambiar sustancialmente su contenido programático.
Del discurso opositor antikirchnerista duro, del estilo “saquémonos ya de encima a esta manga de ladrones”, encarnado por Elisa Carrió hasta 2009, ahora busca ofrecer otra cara, de mayor moderación y menos confrontación, la cara de Ricardo Alfonsín.
Ese tránsito, de trazos sutiles, en ocasiones no puede ocultar lo brutal, como quedó expuesto la semana pasada por un gesto amistoso que le brindó Ricardo Alfonsín a la comitiva presidencial en una visita a su distrito natal, Chascomús. La gestualidad amistosa de Ricardo encontró furia y diatribas de parte de Elisa Carrió, todavía dentro del Acuerdo, aunque a estas horas promoviendo más problemas que soluciones.
En el Acuerdo Cívico, además de la UCR de Alfonsín –y, pareciera, del retornado Julio Cobos– y Carrió, también tributan el Partido Socialista (PS) santafesino y la fuerza bonaerense de Margarita Stolbizer.
Justamente es Margarita quien llega hoy a la provincia de Santa Fe para darle una vuelta más de rosca a su ya afiatada relación con el PS. Y llega antecedida por una definición precisa respecto de Carrió: “Cada vez que abre la boca es para dividir y debilitar al Acuerdo Cívico”.
El socialismo local, fiel a su estilo de moderación absoluta y a ciertos lazos que aún perduran de la experiencia electoral de 2007 –recordar la fórmula Carrió-Giustiniani–, prefiere evitar cualquier confrontación con Lilita, y agradece que Stolbizer haga el trabajo por ellos.
La lógica de acumulación política opositora, furia anti-K, tuvo su momento más alto en los últimos dos años, y nadie como Carrió para expresarla.
Sin embargo, varios analistas de la política nacional, en movimiento, han entendido que la Argentina de 2010 –y se presume más aún la de 2011– ya tiene poco que ver con la foto de la mesa de enlace, celebrando con champagne la caída de la 125, en julio de 2008.
Ricardito, que como su padre, mantiene respeto y admiración por el peronismo, y que jamás reduciría a ese gigante con el epíteto de “manga de ladrones”, encarna el desafío de construir un frente popular con epicentro en las clases medias –a diferencia del peronismo–, pero sin resignar formas de inclusión política de sectores populares hijos de la cultura peronista.
Para Carrió, en cambio, una foto con Julio de Vido o con Néstor Kirchner “es una foto con miembros de una asociación ilícita” que derrumba su presunta acumulación política. Aunque se la quiera ocultar, la diferencia entre Carrió y sus aliados es profunda.
Cuando Alfonsín le dijo a UNO Medios: “Nuestro objetivo es continuar las cosas buenas que hizo el kirchnerismo, y cambiar o mejorar las que se hicieron mal”, entronca con la línea histórica de su padre.
Detrás de su tradicional máscara de moderación sistémica, el socialismo apuntala el giro hacia un nuevo Acuerdo Cívico con la cara de Ricardo al frente.
Al cabo, desplazar la centralidad de Carrió se les presenta como una tarea vital. El antiperonismo epidérmico, la demonización del kirchnerismo, fueron discursos rendidores para la acumulación del PS en los últimos tres años.
Pero, con la ley de medios, la reestatización de las AFJP, la asignación universal por hijo y el matrimonio igualitario –entre otras medidas que impulsó el kirchnerismo con apoyo del PS– el discurso anti-K hermético en boca de la centroizquierda ha roto el verosímil.
Con sus más y sus menos, la notable recuperación nacional que promovió el kirchnerismo no será sencilla de contrarrestar para la oposición, de cara al 2011. Tendrá que sofisticar sus argumentos.


Santa Fe















