“Fernanda merece que su familia no baje los brazos”
Lo dijo el papá de la joven desaparecida en San Benito, Entre Ríos, seis años atrás. Los avances en la investigación –teñida de desprolijidades– fueron pocos
Seis años pasaron ya, con sus 2.190 días en los que se realizaron búsquedas, allanamientos, detenciones y descubrimientos de una red de trata de personas arraigado en lo más profundo de la estructura social.
Y sin embargo, Fernanda Aguirre no aparece. La chiquita de 13 años, secuestrada el 25 de julio de 2004, en su ciudad natal de San Benito, Entre Ríos, hoy debería ser una joven de 19 años, llena de vida y de proyectos, pero nada se sabe de ella.
Una luz que se fue apagando
El desgaste y el sufrimiento debilitó a la madre de Fernanda hasta la muerte. Este año, María Inés Cabrol falleció el 15 de mayo a los 45 años. Ella fue la gran impulsora de la causa de Fernanda, fue quien nunca bajó los brazos y que mantuvo viva la llama de la esperanza por encontrarla. Sin embargo, su ausencia no significó el fin de los esfuerzos. El padre de la joven, quien hasta ahora había tenido un participación con un perfil más bajo, tomó la posta de la lucha contra la impunidad.
Nada que perder
Con la simpleza de siempre, las palabras justas y la dureza de un hombre sacudido por el dolor, Julio Aguirre no dudó en decir que hoy están en pie porque “hay un Dios que les da vida y fuerzas para seguir adelante. Todos los días nos levantamos con la idea de tener novedades de Fernanda, pero no pasa nada y así estamos. Esto nos duele en el alma y no es fácil soportar esta desgracia”, relató el hombre con una voz que por momentos se quiebra, pero enseguida recupera su entereza.
“Si Lencina (el hombre acusado del secuestro de Fernanda, ya fallecido) hubiera matado a Fernanda la tendría que haber dejado en la zona. De a pie no se la iba a llevar. Es claro que él cada vez que actuó con las víctimas, siempre lo hizo de la misma manera. Por ello tenemos la esperanza de encontrarla con vida, porque el cuerpo no aparece”, opinó Aguirre.
Con todo lo ocurrido, advirtió que ya no tiene nada que perder: “No le tengo miedo a nadie y a mí el miedo no me entra por todo lo que pasó, por lo que se dijo, por lo que se hizo y no se hizo. Por ello es que hoy con 49 años tengo tres testículos para enfrentar y soportar esta terrible situación”.
Aguirre trata de seguir adelante en su comercio, con su familia y sus amigos. Con el paso del tiempo el hombre callado que fue tocado en su orgullo, está dispuesto a todo, perdió una hija y también a su mujer. Advirtió que no permitirá que le pase algo más a alguien de su familia. “Estoy dispuesto a todo por el bien de mi gente”, espetó.
Negligencia, inoperancia, especulación y hasta encubrimientos, tiñieron de negro los esfuerzos por recuperar a la joven que había salido de su casa a comprar unas flores para su madre. Lencina, el hombre acusado por el secuestro, quien gozaba del beneficio de salida laboral y estaba detenido por homicidios, pidió un rescate de dos mil pesos que la familia Aguirre pagó pero nunca dio a conocer cuál fue el destino de la menor de edad. Tras ser detenido, fue hallado muerto en un calabozo de la comisaría de Paraná. Su cómplice y concubina, Mirta Chávez, sigue detenida en la cárcel de mujeres condenada por el rapto sin haber revelado qué le pasó a Fernanda Aguirre.


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